La ola de violencia y la falta de capacidad de las autoridades michoacanas para controlar el crimen organizado en ese estado, no es tema nuevo y tampoco exclusivo de esa demarcación. Es por demás sabido que la corrupción, la negligencia institucional, la complacencia y la complicidad han marcado por al menos una década el destino del vecino estado.

Las acciones del Presidente de la República para tratar de empezar a darle una solución al problema, antes de que termine de contaminar al resto del país, parecen tener algunos –aunque débiles- resultados y esperemos que éstos sean definitivos en un tiempo no muy lejano.

Sin embargo, las purgas también provocan colapsos y el llamado “efecto cucaracha” ahora preocupa a otras entidades, empezando por Querétaro, donde  la seguridad es el principal estandarte del gobierno y de los propios habitantes del estado. Muchos aseguran que la estancia de familiares del narco han impedido la violencia generalizada y otros más afirman que es la estrecha colaboración interinstitucional la que impide que se llegue a los niveles de inseguridad de otros estados.

Sea la razón que fuere, lo que si se está dando, son síntomas de descomposición de esta preciada paz social y signos como recientes muertes, detenciones y ajusticiamientos- que antes no se daban- deben ponernos en alerta y demandar que las autoridades le den la justa dimensión a los hechos que estamos viviendo y que se reproducen de manera alarmante en municipios como Corregidora, El Marqués, San Juan del Río y Amealco.

La intromisión de varios comandos armados en robos y el caso de gente armada y altercados violentos, deben ser focos rojos para la autoridad, quienes deben esclarecer los hechos y no dejar margen a la impunidad.

Estoy convencido de que Querétaro sigue siendo un estado seguro, pero acechado por el virus de la violencia y el crimen organizado que están en otros estados y que nos ven como un apetitoso pastel a repartirse.

Estamos a tiempo para mantener un estado seguro, aunque nos cueste aceptar que hoy, Querétaro, no es ya  la isla de la fantasía.