El Maximato
ONU, OEA, David y Goliat
Aranceles, intervenciones militares, persecución de migrantes, propuestas para
comprar islas e inteligencia artificial parecen marcar nuevo orden internacional ante la
mirada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de
Estados Americanos (OEA).
Para muchos se trata de un nuevo orden internacional en el que están involucradas
potencias, para muchos otros es un desorden.
El mundo está convulsionado ante decisiones que toman países poderosos mientras
los pequeños no tienen más defensa que su palabra, la exigencia de respeto a su
soberanía y a la autodeterminación de los pueblos.
La ONU y la OEA, a pesar de sus objetivos conciliatorios, justicieros y convivencia
armónica, dan la impresión de que no les queda otra que supeditarse al control de los
poderosos, convertidos en juez y parte a la hora de repartirse el planeta.
¿Se puede vencer a los grandes, que se ajusten a las leyes y acepten que prevalezca
la justicia?
Nada sencillo. Por desgracia, en la mayoría de los casos, el pez grande siempre
termina por comerse al chico.
Para hacer entender a la potencia que lo más conveniente para todos es que se
comporte y sea justo, hay que proceder con astucia, con inteligencia, diálogo y unidad
de quienes pueden ser víctimas.
Vean lo que sucede con la Comunidad Europea. Sus naciones integrantes se dieron
pronto cuenta que en lo individual llevaban las de perder. ¿Entonces qué hicieron?
Funcionar como comunidad, en bloque. Unidos los medianos y pequeños encontraron
la fórmula para no dejarse aplastar: astucia e inteligencia.
Nunca hay que olvidar el episodio bíblico cuando el pequeño derrotó al grande, el día
que David venció al todopoderoso Goliat, mucho más alto y corpulento.
A David le bastó una honda con la que lanzó una piedra que impactó en la frente de
su adversario y luego lo decapitó con la propia espada del coloso.
En la actualidad, que se supone está más humanizada, la idea no sería acabar con el
contrario, sino encontrar lo justo, que el pez grande no se vaya a comer al chico. En
otras palabras, que no lo vaya a robar y quitarle terrenos y materias primas. Que no le
vaya a quitar todas las canicas, como se decía cuando los niños jugaban a las
canicas. Las nuevas generaciones ya ni conocen las canicas y mucho menos saben
que con esas bolitas de vidrio se divirtieron sus padres.
Si la Comunidad Europea, en unidad, pudo contener al gigante, ¿por qué no los
países del tercer mundo podrían hacer lo mismo? La inteligencia puede llegar a ser
más poderosa que la fuerza.
Como están las cosas, el mundo se percibe más en un desorden que en un nuevo
orden internacional.
Aquí es donde deberían entrar la ONU y la OEA, echar mano del intelecto y astucia en
aras de la justicia. Por desgracia están bajo el control de potencias, nada más que no
debería ser una limitante para todos los demás. En comunión, podrían ponerse de
acuerdo para no dejarse avasallar.
En lugar del desorden y la imposición de poderosos, la humanidad desearía un mundo
más justo y pacífico.
Ojalá no pase mucho tiempo para que en la realidad complicada el moderno “David”
pueda hacerle entender a “Goliat” la importancia de ser justo.
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