Como sabemos el pasado 13 de agosto se celebraron los quinientos años de la caída de Tenochtitlán. Existe un acercamiento revisionista con relación a este evento. Las fuentes oficiales atribuyen todas las maldades a los españoles y hacen de los aztecas poco menos que ángeles reencarnados que vivían en perenne felicidad, nada más alejado de la realidad. Eran tan pocos los españoles y tantos sus enemigos que es imposible que aquellos hubieran podido conquistar Tenochtitlán únicamente por sus propios medios y ello a pesar de la existencia de mejores tácticas militares y armamento, caballos, perros, equiparación con deidades idas y espanto provocado por su llegada. No, los mexica fueron conquistados, en mayor medida, por otros pueblos originarios (principalmente tlaxcaltecas) quienes se agruparon con Cortés hastiados del sistema tributario de Tenochtitlán que los tenía sojuzgados y sin beneficio alguno. Cortés supo maniobrar entre las rivalidades de los diversos grupos originarios para galvanizar y aglutinar la resistencia al azteca a su favor.

Precisamente la forma en que 1700 años antes Aníbal fracasó en su intento por doblegar a Roma en la Segunda Guerra Púnica es una muestra de que la caída de Tenochtitlán se debió a rivalidades y enfrentamientos nativos y no a los españoles. En este símil, Aníbal y los cartagineses (los españoles) invadieron la Península Itálica con la firme intención de romper las alianzas de Roma con sus socii (pueblos federados, en nuestro ejemplo, los tlaxcaltecas) y en la inmensa mayoría de las ocasiones fracasó, Aníbal no contó con el apoyo mayoritario de los grupos aliados a Roma y enfrentado a su poderío con sus propios medios no pudo prevalecer. Cortés, por el contrario, triunfó porque supo explotar el resentimiento de aquellos sujetos al dominio azteca y hacerlo trabajar a su favor, unamos eso a su magnífica propaganda, una religión fuerte y una pandemia medieval mesoamericana y tenemos las bases para concluir porque ante una estrategia similar (dividir para vencer) uno, Cortés, se impuso y otro, Aníbal, salió derrotado. No cabe duda de que la historia es magnífica maestra.

Ricardo L. Moré Doménech, Director del Departamento de Derecho, Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.