Ernesto Ruffo es inocente
¡EL DE MANZO FUE UN
“CRIMEN DE ESTADO”!
Aquí lo dije desde el momento en que se conoció el crimen.
Dije que por sus características y por el “modus operandi”, no había
duda de que se había tratado de un crimen de Estado.
Es decir, un asesinato diseñado, operado y ejecutado por
integrantes de alguna de las instituciones del mismísimo Estado mexicano.
Y la pregunta obligada era la siguiente: ¿Cuál de esas instituciones
fue la responsable del crimen del alcalde de Uruapan?
Encontrar a los traidores y a quienes “vendieron” al acalde, sería el
trabajo de los gobiernos federal, estatal y municipal.
Hoy, por lo pronto el gobierno estatal pretende deslindarse y, en
esa maniobra política, confirma que existió una traición desde dentro,
entre los principales responsables de garantizar la seguridad y la vida del
alcalde michoacano.
Sí, la ejecución del alcalde Carlos Manzo, de Uruapan, Michoacán,
no fue una casualidad y tampoco se trató de un crimen aislado. No, en
realidad asistimos a un operativo bien diseñado, bien operado y mejor
ejecutado. Y por eso podemos asegurar que se trató de un crimen del
Estado mexicano.
Y es que, por pura casualidad, los encargados de la seguridad del
alcalde de Uruapan, también se aseguraron de callar la voz –de silenciar–,
al matarife material del crimen de Carlos Manzo.
Sí, hoy se sabe que –según videos exclusivos del gobierno michoacano–, el
encargado de disparar contra Carlos Manzo fue sometido minutos
después del disparo contra el alcalde, pero por alguna razón aún no
aclarada, alguno de esos escoltas del sacrificado presidente municipal de
Uruapan, decidió matar “en frío” al matón.
¿Por qué y para qué?
No se requiere ser experto para entender que alguno de los traidores y de
quienes conocían los intríngulis del crimen, callaron no sólo al autor
material del asesinato, sino a quien podía delatar toda la trama criminal.
Por eso, porque se trató de un crimen de Estrado, debían matar al
matón del alcalde.
Y es que, en efecto, se trató de “una traición” que salió de lo más
profundo de los cuerpos policiacos municipales, de los guardias
nacionales, o incluso, de los propios militares que custodiaban al
sacrificado alcalde de Uruapan, en Michoacán.
Y por eso la impensable participación de un sicario al que todos
dejaron pasar, dejaron hacer y luego se encargaron de silenciar.
Sí, una traición que confirma que los tentáculos del crimen
organizado están en todas las instituciones del Estado y a todos los
niveles.
Pero frente a lo anterior aparecen nuevas interrogantes.
¿De dónde y por qué repentinamente aparecen indicios de que el
de Carlos Manzo fue un “Crimen de Estado”?
¿Por qué el gobierno federal y sus instituciones de seguridad no
dieron a conocer tales videos?
¿Por qué la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad
federal ocultaron esos videos durante semanas?
¿A quién están solapando desde el gobierno federal?
Mientras se respondan las anteriores interrogantes, podemos asegurar
que, en respuesta a su desesperación por sacudirse la culpa, el
gobernador de Michoacán no sólo hizo públicos los videos de la traición,
sino que se deslindó de lo ocurrido.
En pocas palabras, resulta que Alfredo Ramírez Bedolla lanzó “la
papa caliente” lejos del gobierno estatal, para salvar el pellejo y, sobre
todo, para no pagar las culpas de un crimen que colocó a la presidenta en
el ojo público no sólo nacional, sino internacional.
¿Cuántos otros secretos del crimen de Carlos Manso están
guardados en los escritorios del poder público, sea federal, estatal o
municipal?
Lo ridículo del tema es que al mismo tiempo que aparecen las
pruebas de que se trató de un crimen de Estado, desde la Sedena los
militares mexicanos insisten en que no, que no falló el operativo de
seguridad de alcalde de Uruapan.
¿Y qué tal si hubiese fallado?
Hasta cuando las mentiras, la simulación y el engaño.
Al tiempo.