MÉXICO, 13 de julio 2020.- Con el fin de mejorar la seguridad en torno a los principales embalses de México, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) fortaleció al Comité Nacional de Grandes Presas (CNGP), un órgano colegiado en el que expertos de la dependencia y otras instituciones gubernamentales y académicas toman las mejores decisiones sobre la operación de esta infraestructura, basados en análisis de las condiciones y previsiones meteorológicas e hidrológicas nacionales y sus posibles efectos.

Asimismo, retomó el programa de conservación de infraestructura mayor y emitió tres normas que tipifican la seguridad de las presas, sentando las bases para avanzar hacia una regulación más estricta sobre su manejo y su conservación, en pro de la seguridad de la población.

Así lo informó, Víctor Alcocer Yamanaka, subdirector general de Infraestructura Hidroagrícola de Conagua y ex subdirector general técnico de la misma dependencia, al participar en el webinario “Seguridad de presas: lecciones aprendidas”, al que convocó la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Explicó que en México existen 6 mil 321 presas, las cuales son responsabilidad de Conagua, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), usuarios particulares, autoridades estatales o municipales. De esas, detalló, actualmente 95 están tipificadas como de alto riesgo. Subrayó que, si bien la CFE y Conagua son las instancias que tienen a su cargo las de mayor volumen e infraestructura, la mayoría de las que tienen problemas estructurales son de otros responsables.

Alcocer Yamanaka refirió que, como parte del programa de recuperación de las presas, establecido en 2012, se desarrollaron actividades para elaborar un diagnóstico de los embalses y clasificar su riesgo de acuerdo al grado y tipo. En tanto, a partir de 2015 se trabajó en la elaboración y publicación de tres normas que tipifican la seguridad de las presas. La primera, explicó, está asociada al análisis de riesgo; la segunda, a la inspección y seguridad, y la tercera es un plan de acción ante emergencias.

Puntualizó que en el tema de la prevención de emergencias ligadas a los embalses es necesario incrementar los esfuerzos para mejorar su operación y el posible riesgo generado aguas abajo al momento de su desfogue. Consideró que esto es de particular importancia en México, debido a su alta vulnerabilidad a los fenómenos hidrometeorológicos extremos.

Gracias a estos trabajos, un embalse en el que se redujo el riesgo de manera importante es Madín, a cargo de la Conagua. Aunque afirmó que estructuralmente se encuentra en buen estado, la problemática es hidrológica, ya que el territorio aguas abajo de la presa fue invadido, con lo que disminuyó su capacidad de desalojo. Ante ello, explicó, se establecieron medidas que dan mayor margen y velocidad de operación.

Otra presa donde se aminoró el riesgo es Malpaso, la segunda con mayor volumen de almacenamiento en México y cuya operación está a cargo de la CFE y el CNGP. En esta infraestructura, detalló, la CFE realizó obras que mejoraron su maniobrabilidad y permiten hacer desfogues más controlados y seguros.

Informó que, de acuerdo con los protocolos, luego de un sismo se realizan recorridos físicos por los principales embalses y se verifica la ausencia de daños estructurales, con el fin de tomar las medidas de remediación a la brevedad posible.

Asimismo, hizo énfasis en la necesidad de establecer mapas de los riesgos detectados aguas abajo de las presas, lo cual permitirá reforzar las acciones de Protección Civil y, con ello, incrementar la seguridad de la población.

Finalmente, consideró fundamental fortalecer aún más los programas de inversión destinados a la conservación de infraestructura mayor, reactivado en este ejercicio presupuestal, con el fin de dar seguimiento a las obras que permitirán alargar la vida útil de estas obras de almacenamiento de agua destinadas principalmente a la generación de energía y al abasto de agua de la población y del sector agrícola, entre otros grupos productivos.