QUERÉTARO, Qro., 18 de octubre de 2013.- Uno de los temas que más se tocan hoy es el de la tan controvertida Reforma Hacendaria. En un principio lanzaron la bomba de cobrar el IVA a colegiaturas, a bienes inmuebles, hipotecas y hasta el alimento para los animales y con el paso de los días la indignación de la gente ha surgido, las redes sociales han estado repletas de quejas y sarcasmos por el golpe que representaría a la economía familiar sobre todo de la clase media.

Todos sabemos que tenemos la obligación de pagar impuestos, que los servicios públicos tienen un costo, y debemos pagar por ellos. Que existen grandes necesidades para un gran porcentaje de la población de bajos recursos, que debe haber un fondo de emergencias para los desastres como el que acaba de ocurrir en varios estados de la república.

Los mexicanos tenemos la inteligencia para aceptar nuestras obligaciones, siempre y cuando estas sean justas. Por un lado Información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indica que seis de cada 10 trabajadores mexicanos operan en la informalidad y esto genera una baja recaudación fiscal, así que los que estamos cautivos nos llevamos la mayor responsabilidad de los servicios públicos que todos disfrutamos.

Y por el otro lado, que resulta más indignante, los sueldos, prestaciones y beneficios para nuestros funcionarios. Sueldos extravagantes siendo el más “modestito”  el de los diputados que según la reforma para el 2014 propone que sea de $125,000 mensuales, hasta el del Presidente Tribunal Electoral de la Federación con la humilde cantidad de $528,000 al mes, pasando por Senadores, Secretarios, Presidente de la República que ganan entre 200 y 400 mil pesos al mes.

Según datos del INEGI, el 38.5% de la población gana entre uno y dos salarios mínimos, es decir, entre $1,942.80 y $3,885.60 al mes.

Y todo esto sin mencionar dietas, prestaciones, pensiones vitalicias, gastos millonarios en imagen pública y otros innumerables gastos para cubrir las “necesidades” de quienes hoy están decidiendo de a cuanto nos toca contribuir para que les alcance. Porque para cereza del pastel, resulta que quienes se encuentran hoy discutiendo para aprobar estas reformas no pagan impuestos.

El Presidente de la República declaró que está dispuesto a asumir el costo político de esta iniciativa. Total, ya tiene su pensión vitalicia y no hay reelección. Pero los ciudadanos deberemos asumir el costo económico y como siempre, apretando el cinturón.

Por todo esto uno se pregunta: ¿Por qué no armar estrategias para que esos seis trabajadores que operan en la informalidad contribuyan al gasto público? ¿Por qué no reducir dietas y prestaciones de funcionarios o por lo menos gravarlas para que también contribuyan? ¿Por qué no reducir subsidios a partidos políticos y posiciones plurinominales en las cámaras?

Si el gobierno nos presentara una reforma justa e integral para todos, se encontraría con mexicanos dispuestos a contribuir y esto permitiría crecer a este México que todos amamos.

@Myr_C