QUERÉTARO, Qro., 15 de diciembre de 2014.- «No puedo pararme, no puedo caminar, paso ratos sentada, ratos recargada, aquí estoy acostada, yo sola qué hago, voy con mi hija, es mi hija».




Bajo esa piel arrugada y cabello blanco, hay una historia de un siglo que contar. Ahí acostada en una cama de resorte y entre las cobijas, Mariquita, como le llaman sus familiares y cercanos, pasa los días desde el primero de diciembre hasta la tarde del 24, Noche Buena.




Cada temporada decembrina, y al no haber quien la cuide, Mariquita acompaña a su hija, María Guadalupe, a la capital queretana a vender productos con motivo de las fiestas navideñas.




En el Mercado de La Cruz se localiza su puesto envuelto en lonas azules y blancas, ubicado en un espacio de apenas nueve metros cuadrados. Este se convirtió en su vivienda durante 24 días. Ahí duermen, comen y venden heno, musgo, palmeras, piñas, pozitos y pesebres, pese a las bajas temperaturas que por lo regular llegan a registrarse en la madrugada.




De vez en cuando Mariquita se sienta y ayuda a su hija, de 73 años, a hacer manojitos de heno; aunque diario, al medio día, le reza al Señor de la Misericordia, a quien le llora al pedir por una de sus hijas que se fue a la Ciudad de México y de quien, a la fecha, no tiene razón, y también, por otro hijo que está preso en el Cereso de San José el Alto.




«Yo sufrí mucho, tenía seis años cuando ya cuidaba animales, me ponía mi papá a cuidar animales, luego a los ocho años ya me ponía mi abuelita a que moliera nixtamal (…) yo iba a cosechar, yo arrancaba frijol (…) me levantaba mi mamá a las cinco de la mañana», narró.




Ella se encuentra bien de salud, en términos generales, sin embargo anda en una silla de ruedas prestada y tiene cuidados especiales, cual si fuera un bebé.




«Saben que la saqué un día a caminar en una avalancha, mi hijo el más chiquito hizo una avalancha para la muchachita de mi hermana, grande, cuatro ruedas, ahí la senté un día y me la amarré de la cintura y me la llevé jalando en un avalancha, y luego una señora de enfrente se le murió su mamá y me prestó su silla de ruedas, es la que traigo aquí, aquí está debajo», compartió su hija María Guadalupe.




El pasado 13 de noviembre María Gregoria Facunda Pacheco, Mariquita, originaria de la comunidad de Presa de Becerra, delegación de Santa Rosa Jauregui, cumplió 100 años de edad.




«A nadie le deseo que viva como yo viví, allá está Aquel, que ve, oye, él atiende a uno, aquí estoy por la gracia de Dios, aquí estoy con esta mujer, que no la veo como mi hija, la veo como mi mamá», concluyó.




«Un escudo impenetrable es ser fuerte en el interior».