NUEVO LAREDO, Tamps., 19 octubre 2013.- Rosa Elena Blanca Martínez, indígena otomí de 70 años de edad, llegó a esta frontera con la intención de trabajar, pero su vestimenta autóctona le cerró las puertas y para sobrevivir pide limosna, cerca del Puente Internacional, donde cada día es víctima de discriminación, reporta El Universal.
“La gente me humilla. Me ofenden y me gritan cosas, y hasta me sacan la vuelta cuando les pido unas monedas”, expresa con voz tenue, como si quisiera que nadie la escuchara.
Rosa Elena es morena y muy bajita de estatura, como la mayoría de las mujeres de su comunidad, en Santiago de Mextitlán, Querétaro.
Padece diabetes e hipertensión, aunque ella dice que son los nervios.
Por las mañanas se instala en la acera derecha de la avenida Guerrero, cerca de la Plaza Juárez.
“Me quedé aquí porque ya estoy enferma, pero me gritan que trabaje, aunque antes trabajaba en un puesto (ambulante), pero ya no puedo porque casi no veo”.
Cuando acude a la clínica, dice que la humillan y la discriminan, piensa que es por su aspecto, lo que le hace sentirse triste, y en ocasiones llora, aunque dice que los médicos la tratan bien. Rosa Elena ya no recuerda bien el otomí, pero conserva el rebozo y sus coloridas faldas.