Hasta el 60 por ciento de quienes sufren un infarto vuelven a presentar otro episodio en menos de cinco años.

QUERÉTARO, Qro., 28 de mayo de 2016.-  El riesgo de sufrir un infarto o hemorragia cerebral aumenta hasta cinco veces más en pacientes hipertensos, diabéticos, obesos y adictos al tabaco y alcohol, con relación a la población sana en general, informó el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Querétaro.

El riesgo se incrementa al doble, o sea diez veces más, cuando no se cuenta con un control médico o no se lleva adecuadamente el tratamiento. Desgraciadamente esta enfermedad es silenciosa y cuando se manifiesta es porque ya ocurrió una lesión, por lo que su mortalidad se incrementa en un 60 por ciento en las primeras horas después del evento.

Uno de los principales signos de alarma que podría identificar la lesión cerebral es un intenso e insoportable dolor de cabeza, el cual se acompaña de náuseas y vómito; y en ocasiones hay un estado de alerta, señaló el doctor Javier Magallanes Camacho, director del Hospital General Regional (HGR) No. 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Querétaro.

Explicó que la diabetes mellitus, la obesidad, el tabaquismo, el alcoholismo y la elevación del colesterol y triglicéridos, favorecen la formación de placas de grasa al interior de los vasos sanguíneos y el endurecimiento de las mismas, con cambios micro y macro estructurales en los vasos sanguíneos, lo cual origina una mala circulación de la sangre en el cerebro.

Aunque el daño cerebral se puede presentar a cualquier edad, la posibilidad de padecerlo aumenta a mayor edad, ya que el 80 por ciento de los casos ocurre después de los 65 años de edad; sin embargo, hoy en día hay más jóvenes adultos que están en riesgo, principalmente por la exposición al intenso tabaquismo, a la obesidad y al sedentarismo, situaciones que favorecen notablemente la aparición de diabetes mellitus e hipertensión arterial.

El doctor Javier Magallanes recomendó revisiones médicas periódicas para valorar los niveles de azúcar y lípidos (colesterol y triglicéridos), así como de la presión arterial a partir de los 25 años de edad, sobre todo, si se es obeso, sedentario, adicto al tabaco y al alcohol, y si se tienen antecedentes de algún familiar con daño cerebral.

El infarto o hemorragia cerebral representa una urgencia médica, las complicaciones o secuelas dependerán de la ubicación de la lesión en el cerebro. Por lo que es importante mantener el peso ideal, es decir, de acuerdo a la talla y la estatura, hacer ejercicio sistemático, disminuir el consumo de grasas de origen animal y evitar la comida chatarra.

La recurrencia de un nuevo evento vascular cerebral, después del primer infarto o hemorragia cerebral en el primer año es de aproximadamente un 30 y hasta el 60 por ciento más después de cinco años, advirtió el especialista.