Alerta al límite

La Ciudad de México se aferra al semáforo naranja, con estado de alerta “al límite”, a punto de hundirse en el rojo profundo. Se mantienen restricciones horarias a restaurantes, negocios y comercios fijos y ambulantes. Prohibidos los eventos masivos. Se fortalecen los filtros sanitarios.

Los contagios por Covid aumentan. Los hospitales de la capital nacional casi están saturados, como ocurrió en mayo. Se cuentan 3 mil 632 casos. La gobernanta Claudia Sheinbaum insiste en el uso masivo del cubre bocas, mordaza para payasos impresentables como el diputado Gerardo Fernández Noroña.

El gobierno de la Ciudad de México también multiplica “kioskos” de atención universal y oportuna para incrementar el número de pruebas rápidas a fin de detectar brotes y contener la dispersión de contagios, dada la emergencia. Se hacían 5 mil diarias, ahora son 10 mil y se pretenden 20 mil, a corto plazo. Pruebas que, por cierto, fueron frenadas, por meses, para no exhibir ineptitudes y evitar cuestionamientos al sistema de salud pública, a la ideología y a la política del poder en turno.

En los hechos, Sheinbaum desafía al zar anti Covid, Hugo López-Gatell. Contradice las “maromas” del “experto” que ya no halla como distraernos para no espantarnos por tantos contagios y muertes. La pandemia se maximiza, aunque Gatell la minimice.

Claudia Sheinbaum, no puede mandar al diablo al zar anti Covid para no chamuscar al “jefe de jefes”, sin embargo, evidencia haber tomado un camino propio. Entiende bien de salud mental, cansancio, medio, ansiedad, angustia y desesperación de la gente mientras no lleguen las vacunas salvadoras.

Sheinbaum no baila al son de López-Gatell. No acepta las recetas del doctor Gatell, que sólo a los “cuatroteístas” caen como “anillo al dedo”, jamás al millón 80 mil enfermos y a los casi 104 mil muertos