Lucha libre

Fanáticos lopezobradoristas acusan a los envalentonados gobernadores de la Alianza Federalista de pretender la destrucción del país rompiendo el Pacto Federal sin medir consecuencias. Amagan. Son suicidas. Chantajistas. No les importa el costo político, económico y social. El ‘grupo de los diez’ plantea una disyuntiva: diálogo o ruptura. Paz mientras declara la guerra.

Los amotinados reclaman inequidad del Pacto Fiscal, es decir, que sus entidades aportan más de lo que reciben del gobierno centralista. Demandan ser escuchados, no ignorados y menos insultados.

El líder de la 4T no los ve ni los oye. Para López Obrador, todo el escándalo pasa por el apetito de poder y deja clara su indisposición a poner dinero de la Federación en manos de ‘rebeldes’ intermediarios a quienes de ninguna manera les va a compartir clientela electoral, y menos a los panistas que votaron contra pensiones a discapacitados, medicinas gratuitas, apoyos y becas paran los más pobres. López Obrador asegura no deber nada a los gobernadores reclamantes, es más, asegura que hasta salen debiendo, porque algunos ni siquiera han pagado impuestos.

-¿Quiénes?

Varios, responde el presidente sin precisar. Rehúye el dato.

Por lo pronto, los gobernadores despechados por López Obrador le toman la palabra; aplicarán la misma receta presidencial: consultar al pueblo en actos a modo, a mano alzada, en plazas y redes sociales, para que el pueblo decida quién tiene razón. Le darán al presidente sopa de su propio chocolate.

-¿De veras se atreverán a romper al país en pedazos?