Por: Pablo Hiriart

MÉXICO, 25 de noviembre del 2016.- Antes de sacarse los ojos, PRI y PAN tendrían que dar una mirada a lo que han hecho en los últimos 26 años de gobiernos de ambos partidos, y se llevarían la sorpresa de que todos los indicadores de carencias sociales en el país han disminuido.
Dos eventos han frenado el impulso de México hacia la modernización en ese periodo de tiempo. Uno interno, los errores de diciembre de 1994. Y uno externo, lo que inició como la crisis de las hipotecas en Estados Unidos y devino en una hecatombe económica mundial entre 2008 y 2010.
Hay quienes agregan un tercero: la reforma fiscal de inicios de sexenio que bajó el ritmo de crecimiento que traía el país.
Sin embargo, y a pesar de todo, sorprende ver los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) -organismo con autonomía técnica-, pues nos hablan de una constante mejoría en todos los órdenes a partir de 1990.
Las carencias en salud, que afectaban al 59.6 por ciento de la población, bajó a 16.7 por ciento.
La ausencia de drenaje afectaba al 40.3 por ciento de la población. Hoy, sólo al 7.9 por ciento.
Faltaba agua al 24.2 por ciento de las personas. Ahora falta al 5.4 por ciento.
En 1990, cuando empiezan estos gobiernos de colaboración (en lo fundamental) entre PRI y PAN, el 13.1 por ciento de los mexicanos no tenía electricidad. Ahora únicamente el 0.9 por ciento carece de ella.
Vivía en condiciones de hacinamiento el 28.7 por ciento de la población, mientras que ahora es el 9.7 por ciento.
El 28 por ciento de la población no tenía piso en su casa (era de tierra), y hoy sólo el 3.8 por ciento persiste en esa condición.
La gente que vivía en casas sin muros correspondía al 7.4 por ciento de la población, mientras en la actualidad sólo ocurre con el 1.5 por ciento.
Se nos olvida, pero las cifras de Coneval nos lo recuerda: el 12.4 por ciento de la población de México vivía en casas sin techo. Ahora es únicamente el 1.6 por ciento.
Hace 26 años los chiapanecos vivían seis años 7 medio menos que los habitantes de la Ciudad de México. En ese entonces la capital tenía la expectativa de vida más alta del país: 73.1 años. Hoy todas las entidades (incluido Chiapas) han alcanzado ese umbral.
Podríamos seguir con cifras y cifras sobre el aumento de la cobertura educativa, los que terminan primaria y secundaria, y el acceso a la seguridad social, pero nos echarán encima un dato que parece demoledor: sí, pero hay 55.3 millones de pobres.
Exacto, nada más que esa medición es la nuestra, la de Coneval, que es la más estricta del mundo.
Pero si nos midiéramos por los parámetros del Banco Mundial resultaría que sólo hay 7 millones de pobres.
O con los del PNUD (de la ONU), serían 7.3 millones de pobres.
Y con los de la OCDE, serían 22.1 millones de pobres.
El crecimiento económico ha sido mediocre, se dirá y es cierto.
Sin duda estaríamos mucho mejor sin los acontecimientos señalados al inicio de esta columna.
Pero condenarlo todo por malo es un error que desmienten los números con su frialdad inapelable.