Por Bryan LeBarón

Hace algunos meses estaba la discusión para adecuar los salarios mínimos de los trabajadores, debemos reconocer que este gobierno ha buscado acercarse a una meta de justicia social, aumentando el monto que deberían recibir quienes laboran en México; sin embargo, hoy están en excesiva falta, no por lo que reciben, sino por la forma en que viven, por la precariedad que hay en su entorno, y que no sólo es económica, sino de seguridad, de un ambiente que les brinde oportunidades, etc.

Muestra de ello, son los 11 albañiles que fueron asesinados apenas hace unos días en Tonalá, Jalisco. No fueron pocas las especulaciones sobre las actividades a las que se dedicaban esos hombres asesinados, y es que se ha hecho una malsana moda, etiquetar a estas situaciones como enfrentamientos entre grupos de criminales, como si esto representara una justificación para no ahondar en las investigaciones.

Pero en esta ocasión, salió a la luz una realidad que nos debería doler a todos, eran trabajadores, de hecho en varias notas se resalta, que eran albañiles que esperaban su pago, así que en lo que está el gobierno en falta, es más que en garantizarles un salario digno, en que ese salario llega a una familia que vive en zonas inseguras, llega a hogares en los que sus integrantes no tienen garantizada la atención médica, donde sus integrantes irán dejando sus estudio por falta de recursos, y donde un integrante de esa familia puede ser asesinado en cualquier momento.

Los albañiles en México ganan aproximadamente 7 mil pesos al mes, es un salario que debe ser estirado de forma sorprendente para que alcance a cubrir los requerimientos básicos de una familia, y en esta ocasión, por esperarlo, fueron asesinadas estas personas.

¿Realmente alguien habría hecho fila por 7 mil pesos si su vida corría peligro? Pues en este México que nos está tocando padecer, no importa el salario, o lo que ganes, ¡no tienes garantizado tu integridad física, ni la de tu patrimonio!

Así que claro que las discusiones salariales deben darse, pero debería ir acompañado de un debate de fondo, cómo hacemos rendir ese salario, y por cierto, cómo hacer para que tengan vida los mexicanos para gastarlo.

Sin embargo, de lo que hoy tenemos evidencia es de una ausencia de Estado; solo hay excusas y justificaciones a cada muerte.

Y muestra de ello es el estudio de Causa Común, una organización que se ha encargado de evidenciar todas las faltas en materia de seguridad en las que se encuentra el estado mexicano, durante 2020, México registró al menos 672 masacres, donde fueron afectadas 6,365 víctimas de todas las edades y condiciones sociales. Prácticamente dos masacres al día, y cualquier persona podría verse envuelta en una.

Y es que en México se registraron más de 35 mil asesinatos de hombres, mujeres y niños en 2020. Pese a la parálisis por la pandemia y el despliegue en todo el territorio de casi 100 mil elementos de la Guardia Nacional. En promedio, en 2020 cada 24 horas fueron asesinadas 97 personas.

Pero lo que más preocupa, porque nos da una radiografía de la verdadera importancia que se le da a esta situación por parte del gobierno, es la sonrisa del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien hace unos meses ante la evidencia de un medio por las masacres en el país, utilizó su salida de negar la situación, y hacer ver que “tiene otros datos”.

El gobierno sólo ve expedientes y cuenta los números que se suman a la gran lista, no actúa como si fueran vidas ni familias perdidas. Para sus familias queda conformarse con exigir justicia y tragarse el dolor.