Descomplicado
¡Ya!, ahora sí, ese discurso presidencial de abrogarse las reformas constitucionalesde Andrés Manuel López Obrador aprobada por el Poder Legislativo como los “Constituyentes de la 4T”; neta, es excesivo y ominoso para la democracia.
La afirmación de ser los “constituyentes” salió del ánimo de la concentración de masas -con cargo al erario- de Claudia Sheinbaum en el Zócalo de CdMx, que lo llenan con la misma facilidad como lo fueron sectores del PRI en su mejor apogeode acarreo.
“La actual Legislatura –con mayoría de la 4T–, convertida en un Congreso Constituyente, ha revertido en dos años ‘buena parte’ de las reformas neoliberales, consolidando así las cinco guías que hoy son el ‘faro’ de la transformación: independencia, soberanía, libertad, igualdad y democracia”.
“Hoy tenemos una nueva Constitución, una norma fundamental, acorde con los tiempos de la Cuarta Transformación de la vida pública.” (La Jornada 270926).
Un discurso ominoso para la democracia, como ocurrió con las instituciones demolidas por el obradorismo como el INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales).
Uno de los organismos autónomos extinguidos por el régimen de la 4T – hoy sabemos- para impedir el acceso a la información y reservarse cinco años o másinformación elemental como las obras fracasadas de los Trenes Maya e Interoceánico y los sobrecostos del aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA).
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