Pese a la apertura de negocios y los inventos del semáforo, la realidad de México por la pandemia del COVID 19 es desastrosa. Las matemáticas son frías: más de 35 mil muertes y con prácticamente 300 mil contagios y su aumento diario, nos revela la mala gestión de una política de salud que ha terminado por doblegarse inevitablemente a otra crisis igual de grave, la económica.

Los dilemas que se han presentado en esta crisis son, por una parte, tomar decisiones no en torno a la propensión de los contagios, sino a la disponibilidad hospitalaria, lo cual nos mete en camisa de siete varas, ya que es a partir de el número de camas y respiradores disponibles en los centros de atención hospitalaria que los semáforos cambien de color.

Ello implica que puede llegar a estandarizarse, de alguna u otra forma, el número de personas atendidas por COVID 19 en hospitales y a su vez, se invisibilizaran los que no puedan ser atendidos, no solo por falta de capacidad de camas o respiradores, sino por el simple hecho de no ser aceptados en los hospitales para evitar contagios aún mayores que aceleren la crisis hospitalaria.

Por otra parte, y lo ha dejado ver claro el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, la reapertura de negocios y el retorno a la “nueva normalidad”, no esta relacionada de forma directa con la contención o disminución de contagios, sino con la necesidad de activación económica.

El otro dilema igual de grave es la confusión en la comunicación por parte del gobierno federal, lo cual ha sido constante desde el inicio de la pandemia. Una falla garrafal fue que al implementar un semáforo de riesgo, gran parte de la sociedad lo vincula con una mejora de la situación de la pandemia, pero es todo lo contrario.

Es necesario explicar que ese semáforo no se atiene a la disminución de los contagios ni mucho menos a la estabilización de los mismos, sino al espacio que existe en los hospitales para atender enfermos críticos de COVID 19. Esto hace toda la diferencia. Es ahí donde todo cambia, ya que la confusión incluso genera que todavía a estas alturas de la pandemia y cruzando uno de sus momentos más críticos, existan algunos que digan que la pandemia es un invento o que se cura con remedios caseros.

El manejo de la crisis de salud en México está severamente cuestionado en el exterior y en el interior del país. A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud han criticado por separado las decisiones tomadas, especialmente ahora que se decretó la nueva normalidad en el momento más crítico de contagios y muertes.

Al interior, las marcadas diferencias y malentendidos del Ejecutivo Federal y la Secretaría de Salud con los gobernadores son patentes y van desde el uso del cubrebocas que el Presidente se ha resistido a usar, excepto al ser obligado en su visita a Donald Trump, la falta de medicamentos, la carencia de equipo profesional de protección, la necesidad de destinar mayores recursos económicos para atender la pandemia, entre otros.

La reapertura de actividades en el punto más álgido de la pandemia, provocará que en centros de trabajo y comerciales, tiendas departamentales, restaurantes, la sana distancia quede en un buen deseo y que los contagios aumenten por más botes que se pongan de gel antibacterial y se tome la temperatura en las entradas a estos sitios.

La cosa va mal y no se detendrá y menos con improvisaciones del día a día. Hoy nos contagiamos de siete mil en siete mil y la tendencia indica que irá en aumento. La cruda realidad es que México ha superado las 35 mil muertes, y que las medidas de contención de contagios en los espacios públicos son débiles o nulos.

Sólo hay que ver el “control” para ingresar al Centro Histórico con la primera letra del apellido con la del abecedario. Culpar a la gente de salir cuando ellos llamaron al desconfinamiento, o echar la culpa a los gobiernos estatales, al retraso de cifras sobre el número de contagios y muertes.

En la situación en la Ciudad de México la siguiente semana se analizará si se toman medidas de reforzamiento disminuir el número de enfermos y hospitalizados. Pero de acuerdo con proyecciones de expertos, las cifras nos dejarán sin aliento en las próximas semanas y será peor la crisis de salud y económica.

La OMS mostró su frustración por el manejo irresponsable de la pandemia en diversos países, incluido México, por falta de liderazgo, divisiones y, valdría la pena agregar, las malas gestiones políticas en torno a esta emergencia, aunado a una sociedad no se solidariza y se compromete con lo que le toca a pesar de un liderazgo confundido y en algunos momentos irresponsable.

Nadie discute que la reactivación económica es necesaria y vital para cualquier país, pero las vinculaciones entre las necesidades sanitarias, también lo son ¿Qué no existirá una manera responsable de cumplir con los dos dilemas?