LAS PRUEBAS: ¡AMLO CALUMNIA, PERSIGUE Y DIFAMA PERIODISTAS!

          Ya resulta de escándalo el “modus operandi” de la censura oficial que, a los ojos de todos, promueve el gobierno de México.

Peor aún, dicha censura no sólo resulta intolerable para una democracia que se respete, sino que se ha convertido en el regreso de una de las peores “taras” de todos los gobiernos, en la historia mexicana.

          Pero acaso la mayor tragedia que vivimos los mexicanos es que todas las mañanas –en su mensaje mediático–, el dictador López confirma lo que ya resulta inocultable a los ojos de todos: la muerte de la democracia mexicana.

          ¿La muerte de la democracia mexicana?

          En efecto, durante los primeros 25 meses de gestión –de lunes a viernes durante 90 minutos–, el presidente se encarga de cancelar libertades como la de expresión y derechos como el de la información; además de que manosea el proceso electoral en curso y preparara el mayor fraude de la historia.

          No es todo; puntual, cada mañana el dictador calumnia, difama y sataniza –desde su pedestal de intocable–, a ciudadanos, medios o redes que lo critican; que documenta sus fracasos y exhiben sus limitaciones y fallas.

          Es decir, todas las mañanas, Obrador dispara los dardos envenenados de la censura contra aquel periodista, intelectual o crítico de su gobierno.

          Y la exigencia presidencial de censura es reiterada, directa y sin tregua para que las empresas de medios y redes despidan a los críticos de la fallida gestión de López Obrador.

          Y sí, en todos los casos el “modus operandi” es el mismo.

Por ejemplo, en esa suerte de Cadena Nacional que son las mañaneras, el presidente exhibe a periodistas, intelectuales, columnistas, articulistas o académico, para luego satanizar a medio o medios en los que trabajan.

Al final, Obrador lanza la amenaza directa, clara y tapujos a los medios. Y el mensaje es puntal: “si quieren llevar la fiesta en paz con el gobierno, deben despedir a los críticos del gobierno”.

Esa estrategia la utilizó López Obrador contra Ricardo Alemán; el crítico de los columnistas de su candidatura y al que ordeno despedir de Milenio, Televisa y Canal 11 de Televisión. Ya como presidente, AMLO amenazó directamente a los dueños de los medios –prensa, radio y televisión–, para que no contrataran a Ricardo Alemán.

La misma fórmula la utilizó contra Víctor Trujillo, motejado como Brozo; contra Carlos Loret, contra Pablo Hiriart y contra muchos otros.

En sentido contrario, el propio presidente Obrador ordenó que empresas como Milenio, Excélsior, Televisa, Azteca, Imagen, El Heraldo, Fórmula, Radio Centro y muchos otros, contrataran a aplaudidores oficiales de su gobierno, al tiempo que ordenó sacar del aire programas como Primer Plano, de Canal 11, en donde se habían refugiado algunos de sus aplaudidores.

Parecía que el escándalo de la censura previa –ordenada por el presidente López Obrador–, había llegado al límite. Ya no puede existir una mayor simulación sobre la cancelación de las libertades fundamentales y la promoción de la censura por parte del gobierno mexicano.

Grave equivocación. López Obrador no había terminado.

La mañana de ayer miércoles, 20 de enero, López Obrador sacó de la manga el fusil para disparar contra la red social Twitter.

Así lo dijo: “Quiero aprovechar, por lo de las redes sociales, para decirles que el director de Twitter en México era militante o simpatizante muy cercano, del PAN, el que actualmente maneja Twitter.

“Fue hasta asesor de un senador famosísimo del PAN.

Y lo digo porque me encontré eso y como mi pecho no es bodega, pues sólo esperamos que haga su trabajo, de manera profesional, y que no promueva la creación de granjas de bots”.

De manera oficial, la red social del “pájaro azul” respondió que sus empleados no toman decisiones personales y que su trabajo es colegiado. Por eso le recomendó al presidente mexicano no equivocarse.

Aún así, ahí están la persecución, la difamación y la calumnia, lanzadas por el presidente mexicano, no sólo a sus críticos, sino a una red social global, como Twitter, y a uno de sus directivos.

¿Qué significa tal amenaza, tal censura, tal difamación y calumnia?

El pasado lunes, aquí citamos un artículo de Gastón García Cantú, publicado en Excélsior, el 10 de enero de 1997, en donde el reputado intelectual escribió lo siguiente: “Un presidente mexicano, por el poder de que dispone, al censurar personas o acciones, condena. Y la condena, en nuestro sistema, termina en persecución”.

Sí, López Obrador ha censurado, difamado, calumniado, condenado y perseguido a sus críticos. Hoy lo hizo contra Twitter.

¿Quién será capaz de poner un alto al dictador López Obrador, capaz de perseguir no sólo a Ricardo Alemán, sino al mismísimo Twitter?

Gracias, presidente López, porque de nueva cuenta confirma que es usted un dictador y que usted ordenó difamar, calumniar y perseguir a sus críticos.

Al tiempo.   

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