¿Desaparición de Morena?
¿CUANTOS POLÍTICOS SON “NARCOS”?
¿CUANTOS “NARCOS” SON POLÍTICOS?
No, no se trata de un juego de palabras.
Lo cierto es que, en los hechos, las preguntas que titulan la presente
entrega del Itinerario Político son parte fundamental de la confusa
realidad en la que vivimos en el México de la llamada “4-T”.
Una realidad en la que resulta casi imposible encontrar la diferencia entre
los “narcos” metidos a la política –y que están en casi todos los partidos–,
y los políticos que hacen todo por ser parte de los jugosos negocios del
llamado crimen organizado.
Peor aún, hoy existe pruebas contundentes de que grupos criminales
como los de Sinaloa y Jalisco –entre otros–, financiaron no sólo el
nacimiento del Partido Morena, sino elecciones como las de 2018, 2021,
2022 y 2024; procesos electorales que dieron paso a los “narco-
presidentes”, “narco-gobernadores”, “narco-legisladores” y, en general
“narco-políticos”.
Curiosamente elecciones que llevaron al poder a políticos del Partido
Morena en aquellas entidades en las que las mafias criminales tienen
jugosos negocios y requieren del control del poder político.
Son estados de todo el llamado Corredor del Pacífico, como Sinaloa,
Tamaulipas, Zacatecas, Baja California y Baja California Sur; además de
Sonora, Michoacán, San Luis Potosí, Tabasco y Quintana Roo.
Entidades federativas en donde cada día queda más claro que los políticos
fueron atrapados por los intereses del crimen y que no pocos criminales
despachan en cargos públicos de la mayor relevancia.
Pero los escándalos de la corrupción política y del crecimiento exponencial
del “narco-poder” se hicieron más visibles luego de la persecución de la
“narco-política”, lanzada por el gobierno norteamericano y que llegó al
extremo de pedir la extradición del “narco-gobernador” de Sinaloa, Rubén
Rocha Moya.
Y por eso debemos volver al cuestionamiento sobre esa perversión del
poder y la política, por parte de los cárteles criminales.
¿Hasta dónde los “narcos” se han metido en los partidos, en los puestos
de elección popular y en la política, en general, y hasta dónde los políticos
pretenden arrebatar a los “narcos” los negocios del crimen?
El problema, sin embargo, no termina ahí.
Y es que a la par de que son exhibidos los políticos metidos al negocio
criminal y los criminales que asaltaron el poder político, aparece otro
fenómeno no menos escandaloso y que exhibe la debilidad extrema de
instituciones otrora ejemplares.
Nos referimos a la corrupción a la que fueron empujados militares y
marinos que terminaron como aliados de los grupos criminales y al
servicio de la “narco-política”.
Vale recordar, por eso, que durante años, los distintos partidos de la
llamada “izquierda” mexicana pregonaron –por todo el país–, que los
militares y los marinos debían retroceder a sus cuarteles, antes que hacer
labores de policías.
Sin embargo, con la llegada de Morena al poder presidencial, el político
que más gritaba para que militares y marinos regresaran a sus cuarteles,
fue el primero en empujarlos a la corrupción.
Hoy, los militares y los marinos mexicanos no solo no están en sus
cuarteles, sino que se ocupan de no pocas secretarías de seguridad
pública, además de que se les encomendaron empresas que desataron la
codicia y la corrupción casi generalizada.
Al final de cuentas, resultó exitosa la estrategia perversa de corromper
todas las instituciones del Estado, al extremo de que hoy nadie sabe
cuántos políticos están al servicio de los grupos criminales; cuantos
criminales están en cargos públicos y cuantos militares y marinos fueron
atrapados por los poderosos lazos de la corrupción.
Todo mientras que, según la presidenta Claudia Sheinbaum, el pacto
criminal de los gobiernos de Morena “no existe”, sino que ese pacto se
habría dado “con el gobierno de Calderón”.
¿Existirá algún idiota que le crea?
Al tiempo.