¿Desaparición de Morena?
Morena 1998-2026; no fue
partido sino tribu de tribus
El movimiento lopezobradorista comenzó su marcha sobre Roma el 5 de febrero
de 1998 cuando el presidente del PRD, Andrés Manuel López Obrador, convenció a
Ricardo Monreal Ávila de abandonar el PRI y aceptar la candidatura perredista para
Zacatecas. Y el ciclo terminó el 29 de abril de 2026 cuando el Gobierno de Estados Unidos
solicitó el arresto con fines de extradición de la estrella morenista Rubén Rocha Moya y
nueve coacusados de narcopolítica.
Como referencia histórica, esta semana pudiera haberse abierto el camino del
menor de los Monreal Ávila para abandonar Morena y buscar la gubernatura de Zacatecas
por otro partido.
Y el ciclo pudiera estarse sellando con López Obrador envuelto en señalamientos,
evaluaciones, datos, percepciones e indicios de que Morena estaría incluido en alianzas
perversas hasta ahora con el Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán y los chapitos, pero con
gobernadores morenistas acusados de las más altas niveles de poder de Estados Unidos
de haberse metido en la misma cama con cárteles del narcotráfico.
La punta de la hebra se encuentra en Rocha Moya, una figura universitaria en
Sinaloa que fue captado por López Obrador para encaminarlo en tres ocasiones hacia la
gubernatura y hoy es el principal acusado de haber pactado con la facción de los chapitos
del Cártel del Chapo para ganar las elecciones estatales de 2021 a cambio de entregarle
posiciones políticas, económicas, presupuestales y de poder local.
Los escenarios que dificultan percibir la posibilidad de que Morena logre eludir la
trampa de Trump tienen que ver con estructura interna de ese grupo que ha soñado con
ser partido político formal, pero que se ha beneficiado de dos circunstancias favorables: el
liderazgo social de López Obrador y el presupuesto público para ejercerlo como un
asistencialismo de primer piso que ni siquiera resuelve la pobreza salarial pero sí establece
dependencias entre los beneficiarios de las becas, asignaciones y transferencias con el
voto para mantener la sigla morena en el poder.
Morena nació y no se movió de los espacios de una configuración que
políticamente se puede caracterizar como “movimiento de movimientos”, pero sin llegar
a ser un partido estructuralmente formado; para garantizar la lealtad y romper con los
cacicazgos intermedios dentro del partido, Morena desapareció los sectores corporativos
de las clases productivas que habían heredado del PRI y tuvo que pagar el costo de
mantener el control a través de grupos tribales dentro del partido.
La estrategia de López Obrador como líder de Morena fue la de mantener la
fragmentación de las tribus, pero a condición de fortalecer su capacidad unidireccional de
decisión. Y a su favor estuvo la tradición política de la mayoría de los militantes y jefes de
tribus de Morena porque provenían de la costumbre presidencialista del PRI, con la
circunstancia agravante de que probablemente el 80% de los liderazgos de Morena se
cincelaron en los rituales del PRI obregonista-eliascallista-priista-salinista.
El modelo de partido que asumió Morena bajo López Obrador fue el de una
especie de confederación de organizaciones y grupos beneficiarios de transferencias
directas del presupuesto. Y sin reglas partidistas formales, Morena se armó en el esquema
conocido por la teoría de los partidos políticos como una organización “cacha todo”, sin
más filtro que refrendar la disciplina hacia el caudillo y sin exigirles compromisos éticos
que se desprendían inclusive del propio discurso ahora se ve demagógico de López
Obrador.
Al no estar estructurado como partido político, Morena entró en la lógica de
asignación del poder por el voluntarismo del líder, inclusive sin preocuparse por encontrar
compromisos de entendimiento y hasta pareciera que de manera intencionada dejar las
fracturas tribales que se habrían de acumular y agrandar con el tiempo.
Pero también Morena derivo en un partido cártel, es decir, su configuración a
partir de liderazgos tribales o de grupo con entendimientos entre ellos para cobrar
controlar el mercado y fijar derecho de admisión y condicionar candidaturas. Y este perfil
solo pudo haberse solidificado por la condición de Morena como cuarta fase del partido
del Estado: primero fue el partido caudillista de Obregón-Elías calles y Miguel Alemán,
luego el partido populista de la Revolución Mexicana domesticada de Lázaro Cárdenas y
finalmente el partido de profesionales políticos que rompieron sus canales de nutrición
con las bases que representaban clases productivas. Y ahora se perfila el modelo de
partido asistencialista.
En el fondo, el ADN de Morena es el del PRI, una mezcla que carece de ideología
porque las ideas se sustituyen por la lealtad al dirigente, sigue siendo partido del Estado y
su fuerza depende del reparto de cargos públicos.
Rocha Moya y el tercer Monreal Ávila estarían mostrando ya el fin histórico de
Morena.
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Política para dummies: La política sería la síntesis de las ideas y los intereses de
clases no propietarias. Lo demás es reparto del poder.
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