Nada personal
¡LA “PURGA” VA, CON
EL AVAL DE CLAUDIA!
Seguramente todos vieron los videos en donde un empleado de la
Secretaría de Educación Pública fue echado de sus oficinas, con la ayuda
de la policía.
Sí, se trató de Marx Arriaga, el impresentable funcionario que hasta
el viernes pasado se desempeñó como director de Materiales Educativos
de la SEP; sí, el mismo que convirtió los libros de texto para la educación
primaria, en groseros instrumento de adoctrinamiento ideológico.
Y es que ante el asombro de propios y extraños alcanzaron la
categoría de tendencia los videos que muestran a Arriaga no sólo atónito,
sino retador ante los policías que lo invitaban a desalojar las instalaciones
de la SEP, en medio de un espectáculo que sería de risa loca, si no fuera
por su potente carga de “purga ejemplar”.
Es decir, que en la Secretaría de Educación Pública dispusieron de
los recursos y el tiempo necesarios para un montaje que exhibiera a Marx
Arriaga, al momento de ser echado de su cargo.
Pero no, en ningún momento se trató de una casualidad.
No, en realidad, lo que hemos presenciado al arranque del segundo
año de gobierno de Claudia Sheinbaum, es lo más parecido a la clásica
“purga ejemplar” que, de tanto en tanto, llevan a cabo todas las
dictaduras del mundo.
Sí, se trata de un proceso de “limpieza y purificación” para expulsar a los
indeseables y desleales pero, sobre todo, para enviar un mensaje sobre el
feo “purgatorio” que les espera a quienes se atrevan a insinuar una
traición al dictador en turno.
Sí, sin duda que asistimos a una “purga” que lleva el aval de “la
señora presidenta”, cuya influencia ha alcanzado para remover de sus
cargos a “lopezobradoristas” duros como Adán Augusto López –quien
debió dejar el liderazgo de la bancada de Morena en el Senado–, al ex
Fiscal General, Alejandro Gertz Manero –expulsado al cargo de embajador
en Gran Bretaña–, y a José Antonio Romero, director del CIDE, entre
otros.
Pero vamos por partes.
Según la Real Academia, el verbo “purgar” es la acción directa para
“limpiar, eliminar o purificar”, tanto física como políticamente.
En su acepción política “purgar” significa expulsar, despedir o
eliminar a funcionarios, empleados o integrantes de una organización
política; despido que se decreta precisamente por motivos políticos.
A su vez, el sustantivo “purgatorio”, se define como el lugar para
llevar a cabo la purificación o limpieza política; las llamadas “purgas”.
Pero si aún lo dudan, la historia registra dos grandes momentos del
terror desatado con las purgas políticas, el estalinismo ruso y la
persecución durante la dictadura de Mao, en China.
En los dos casos –los de Rusia y China–, miles de personas fueron
detenidas, condenadas a trabajos forzados y/o muertas, en “purgas” que
solían cumplir la función de persecución ejemplar.
Está claro que en el México de hoy –de la llamada “4-T” –, abundan
los servidores públicos que fueron leales al “lopezobradorismo”. Sin
embargo, al llegar la gestión de Claudia Sheinbaum, muchos de esos
“obradoristas” creyeron que seguirían inamovibles en sus cargos,
confiados de que serían defendidos desde Palenque, frente a los
cambiantes intereses de Palacio.
Y es que al mudarse los liderazgos, al debilitarse las alianzas
partidistas y una vez que se hace más pesada la “herencia maldita” de
AMLO, la “señora presidenta” debió empezar con “las purgas”.
Y el caso más escandaloso, como ya se dijo, es el del impresentable
Marx Arriaga, quien desde el inicio de la gestión de Claudia Sheinbaum
entró en colisión con Mario Delgado, el titular de la SEP.
El locuaz Arriaga se creyó intocable, confrontó de manera directa a
Mario Delgado y, por si fuera poco, impuso entre sus colaboradores una
práctica heredada del propio López Obrador; el cobro del diezmo a cambio
de mantener el empleo.
El escenario era ideal para un golpe ejemplar; “una purga” que viera
todo el mundo pero, sobre todo, los “obradoristas” que se sienten
intocables en el gobierno de “la señora presidenta”.
Y el objetivo se logró con creces.
Hoy pocos políticos, servidores públicos, gobernadores, legisladores
y alcaldes de Morena dudan que, a la menor traición, caerá sobre ellos el
manotazo de “la purga”.
Y por eso la pregunta obliga: ¿Quién será el siguiente?
Al tiempo.