Filosofía sin escrúpulos
Trump, derrotado por Irán;
no sabe salir de la ratonera
La crisis de Estados Unidos con Irán ilustró los márgenes reducidos y desgastados
de Donald Trump como presidente de la nación todavía más poderosa del mundo: una
cosa es que su estrategia de reconstrucción del imperio americano sea la correcta en la
lógica conservadora, pero otra cosa muy diferente que aparezca amenazando un día sí y
otro también con acabar con el mundo y ya nadie le crea.
Venezuela, Cuba, México e Irán ya le tomaron la medida al presidente
estadounidense; inclusive, la presidenta de México ha aportado un elemento de
sensibilidad racional que se ha tomado casi como categoría geopolítica: la “cabeza fría” no
es otra cosa que dejar que las calenturas imperiales pongan las cosas en su lugar, lo que
en buen lenguaje mexicano se resumiría en la percepción de: “déjenlo solito que se haga
bolas”. The Economist lo apreció citando a Tzun Zu y poniendo a Xi Jinping como
beneficiario: “nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”.
El estilo personal de ejercer el poder del presidente Trump se mueve entre la
lógica imperial muy bien razonada por el Proyecto 25 de la Fundación Heritage y el exceso
de bravuconería que tergiversa la estrategia.
Los estrategas geopolíticos de Estados Unidos no entendieron el significado del
desmoronamiento de la Unión Soviética y su coincidencia histórica con el Consenso de
Washington también en diciembre de 1989 para dar el salto histórico a la globalización
que antes pertenecía a EU como centro geométrico productivo, tecnológico, financiero y
militar.
El fin del ciclo de la guerra fría y el inicio del periodo de globalización de mercados
condujo a presidentes de EU sin sensibilidad geopolítica ni de seguridad nacional. El
recordatorio de la agenda árabe estalló en 2001 y la Casa Blanca respondió en su viejo
esquema reaganiano de desplazar tropas e invadir países con el error estratégico de
querer cambiar regímenes de gobierno teocráticos por democracias occidentales
imposibles de procesar.
La ofensiva militar y de seguridad nacional de Trump contra Irán produjo el
asesinato nada menos que de un Ayatolá y de varios miembros de la línea dura de Irán,
pero careció de una propuesta de reorganización en las relaciones bilaterales. Las
informaciones que se están revelando sobre los objetivos personales de Trump han
probado la falta de un proyecto para reorganizar Irán y muy pronto se supo que toda la
escandalera del fin del mundo era una verborrea para reproducir el modelo de Venezuela:
quitar a un presunto dictador y poner a un títere local, pero sin modificar los regímenes de
gobierno.
Irán le tomó la medida a Trump y jugó a lo que podía acreditarse como una ruleta
rusa: obligar al presidente de EU a realmente lanzar un ataque total para liquidar a la
civilización iraní, en el entendido de que en términos bélicos la destrucción era
prácticamente imposible a menos de que lanzara una bomba nuclear.
Trump está jugando como empresario pero con funciones de un jefe de imperio
económico. Cuando anunció que en horas iba a lanzar un ataque final sobre Irán para
“desaparecer a toda una civilización” de la faz de la tierra, los dirigentes sobrevivientes de
Teherán se percataron de que estaban frente a un bocón que ya no tenía juego en las
cartas de su mano.
En los hechos, la estrategia profunda y de largo plazo de Trump ganó en el
enfrentamiento con Irán, pero en la geopolítica perdió la legitimidad por tratar de
imponer un esquema económico y geopolítico a partir de los intereses estadounidenses.
La amenaza de Trump, en modo de furia tiránica, de liquidar a la OTAN causó buena
impresión en el este de Europa y Asia e hizo soñar a Rusia y a China que la línea roja
postsoviética que llegaría a la frontera rusa después del fin de la guerra fría se replegaría
hasta las costas estadounidenses del Atlántico. Trump abrió sus cartas antes de tiempo y
luego tuvo que recular porque la frontera estratégica de Washington está justamente en
los países europeos de la OTAN occidental.
En descargo al modelo de interpretación TACO de que Trump siempre se acobarda
habría que racionalizar el concepto y señalar que no se trata de una actitud de cobardía o
miedo, sino que los países adversarios de EU saben de la imposibilidad de destruir una
civilización de casi 100 millones de personas –Hitler asesinó a 6 millones de judíos– y que
las amenazas más bien son parte de una debilidad argumentativa que de manera
lamentable los propios colaboradores del primer círculo trompista no se atreven a decirle
que sería un despropósito dar la orden de destruir totalmente a una nación, además que
es un error estratégico y hasta infantil amenazar con lo que nunca se podrá cumplir.
Con el fracaso en la destrucción de Irán Trump terminó ya su segundo período de
gobierno como un presidente farolón o como el típico abusador que sólo se conforma con
quitarle el almuerzo a los estudiantes más débiles.
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Política para dummies: la política del poder se expresa en el poder de la política
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