Nada personal
Estrategia convenenciera de EU:
su propia Corte Internacional
El arresto judicial extraterritorial del presidente Nicolás Maduro por parte de la
justicia también extraterritorial de Estados Unidos fue una muestra más de la
unilateralidad que utilizan los imperios dominantes para aplicar reglas “en los bueyes del
compadre”.
Estados Unidos debe haber llevado el caso de Maduro a la Corte Penal
Internacional (CPI) para que ahí se dictaminaran las sanciones que organismos judiciales
extraterritoriales aplican con la aprobación de todas las naciones asociadas.
Pero Estados Unidos se ha negado a reconocer la jurisdicción de la CPI porque
muchos de sus presidentes y funcionarios pudieran ser requeridos por la justicia
internacional por haber cometido crímenes y abusos de poder, entre ellos, por ejemplo,
los presidentes Richard Nixon, Ronald Reagan, George Bush Jr. y Barack Obama con el
asesinato extrajudicial de Osama bin Laden, además del caso del ex secretario de Estado
Henry Kissinger, juzgado ya en tribunales internacionales.
La paradoja o hipocresía estadounidense apareció en el caso Maduro: la Casa
Blanca de Donald Trump aplicó los criterios de extensión extraterritorial internacional de
la justicia estadounidense contra el presidente de otro país soberano aplicando casi de
manera calcada los mecanismos de la CPI, pero negando la validez de la Corte
internacional para los casos de políticos estadounidenses que cumplen con todos los
requisitos de violaciones al derecho.
Las amenazas del presidente Trump contra otros países en situaciones que desde
su punto de vista estarían reproduciendo el caso de Venezuela –Colombia, Cuba y México-
intereses de dominación geopolítica y de apropiación y exacción de recursos naturales de
países que se niegan a entregarlos a los requerimientos del capitalismo americano.
A partir de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de Estados Unidos y
de las políticas soberanas de otros países que se niegan a someterse y a entregarse a los
intereses the Washington, la Casa Blanca estaría convirtiéndose –técnica, política, jurídica
y bélicamente– en un imperio en modo de señorío feudal de la vieja Edad Media.
Es muy posible –y algunos dirían que hasta seguro– que sean muy ciertos los
cargos de narcotráfico y terrorismo que le aplicó la Casa Blanca al presidente venezolano
Maduro en una Corte americana con la ausencia del acusado y menos aún de algunos
abogados defensores en su representación, pero el derecho y sus reglas de presunción de
inocencia deben de seguir los trámites legales.
Sentar a Maduro en una Corte estadounidense después de haber sido secuestrado,
extraído o pactado su secuestro no garantizan los derechos de presunción de inocencia
que toda Corte jurídica en el derecho occidental está obligada a reconocer como respeto
los derechos humanos de los delincuentes.
Maduro tendría la posibilidad de argumentar en su defensa, cuando esté sentado
en el banquillo de los acusados en una Corte estadounidense, la teoría económica de la
oferta y la demanda en droga: las decenas de millones de adictos estadounidenses que
pululan en las calles inyectándose e ingiriendo drogas determinan como demanda la
configuración de la oferta que constituyen los cárteles del narcotráfico, incluyendo, por
supuesto, la violencia asociada al tráfico de drogas en las calles de Estados Unidos.
Puede decirse desde ahora que por el secuestro, la extracción o el acuerdo político
para obligar a Maduro a abandonar la presidencia legal –aunque no legítima– de la
República Bolivariana de Venezuela será una farsa al estilo de los juicios de las series de
televisión donde los buenos pecan de buenos y los malos son los malvados más malditos
de la humanidad, aunque en esos mismos programas de ficción pululan los acuerdos entre
buenos y malos para castigar a los más malos aunque muchos menos malos regresen a las
calles a seguir delinquiendo con el beneficio de la justicia al estilo americano.
Armado con los argumentos de la Doctrina Monroe y de la Doctrina del Destino
Manifiesto, el presidente Trump convirtió a Estados Unidos en el imperio del mundo… por
tres años más, a menos de que todos sus operativos tengan la intención de mantenerlo en
la presidencia por un tercer período cuatrianual que la Constitución no permite pero que
las manipulaciones jurídicas pudieran extender el trumpismo directo hasta 1932… y más
allá.
En las relaciones internacionales nunca se habían dado amenazas de invasiones
militares y secuestros que violan la soberanía de naciones como las que extendió con
desdén el presidente Trump contra Colombia, Cuba y México, reproduciendo el espíritu
del expansionismo del siglo XIX que hizo pasar el territorio americano de la lengüeta de
las 13 Colonias en el Atlántico a todo el territorio conquistado hasta el Pacífico sobre la
sangre de los indios y contra la soberanía de México y también ejerciendo el poder del
dólar en compra de territorios.
Trump está en el ciclo expansionista 2.0. Y el mundo ya entendió el mensaje
enviado con Maduro.
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Política para dummies: La política es poder en términos absolutos.
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