Nada personal
Grandeza (y 3): represión
de la Iglesia a los indios
A lo largo de su querella contra la monarquía española por el aplastamiento de las
civilizaciones indígenas en Mesoamérica, el historiador Andrés Manuel López Obrador ha
enfocado sus quejas y demandas contra la Corte de Madrid por su papel en la conquista
del establecimiento, mal que bien, de una colonia en América.
Pero nada ha dicho contra los daños que terminaron de aplastar a las civilizaciones
indígenas en México que provocó el modelo capitalista estadounidense impuesto a
sangre y fuego de la guerra de 1847 al Tratado Comercial, pero también en tiempos de la
colonia española la iglesia católica jugó un papel central en la represión con violencia
brutal contra el modelo religioso politeísta de los imperios indígenas e imponer como
obligatoria la religión católica que representaba en ese momento un poder real en manos
del criminal Papa Alejandro VI, el demonio de los Borgia.
Como vicecanciller del Vaticano, el cardenal Borgia –italianización de su verdadero
apellido: Borja– falsificó una bula para permitir el matrimonio entre Isabel de Castilla y
Fernando de Aragón, y de ahí nació la monarquía del Reino de España. Y ya como Papa,
Alejandro VI estimuló a los Reyes de España a patrocinar los viajes de Cristóbal Colón bajo
el modelo que José Ortega y Gasset calificó como Weltpolitik o política mundo, es decir la
primera geopolítica de dominación colonial impulsada por la Iglesia, y a partir, sobre todo,
de que fue el Papa Borgia el que decretó que Fernando e Isabel fueran los Reyes Católicos,
o la monarquía por excelencia de la religión del Vaticano.
El presidente López Obrador en su sexenio y la presidenta Sheinbaum Pardo en el
suyo han mantenido una pausa en las relaciones diplomáticas entre México y España,
pero los dos mandatarios han sido muy laxos para exigirle cuentas históricas a la Iglesia
católica que fue la que aplicó el uso duro de la tortura y la Inquisición para castigar con la
muerte a los indígenas que querían seguir viviendo en su modelo religioso politeísta. Y a lo
largo de 300 años, la verdadera represión contra los indígenas fue de la Iglesia católica y
no del Virreinato.
Una disculpa pública puede ser todo y es nada vis a vis el daño mortal que provocó
la iglesia católica en la zona indígena de Mesoamérica para imponer durante la colonia la
religión obligatoria católica y que llegó al grado de que en las constituciones federales e
independentistas de 1824 y 1857 se estableciera el Reino de Dios como religión
obligatoria del Estado, aún inclusive en los tiempos de Benito Juárez.
López Obrador le perdonó a la Iglesia católica todos sus crímenes en la colonia
española y recibió con los brazos abiertos al Papa Francisco por su origen franciscano,
aunque olvidando su complicidad con la dictadura militar argentina y luego su silencio
ominoso para encubrir los crímenes modernos de la Iglesia católica: los abusos sexuales.
Ahora la presidenta Sheinbaum está moviendo todas los instrumentos políticos y
diplomáticos para traer a México en visita oficial al Papa León XIV como una manera de
utilizar la influencia de la religión católica que se impuso a los indios mexicanos a sangre y
fuego como instrumento de control ideológico de la sociedad mexicana que puede o no
estar de acuerdo con la 4T.
A pesar de que hubo sacerdotes que defendieron a los indígenas, como Fray
Bartolomé de las Casas, la iglesia católica como institución usó todo el poder represivo y
criminal para obligar a las comunidades indígenas a olvidarse de sus santos politeístas y
aceptar a los santos católicos. Paulatinamente y de manera decreciente, las comunidades
indígenas entonces y ahora ha mantenido por ahí algunas ceremonias politeístas ocultas
bajo la capa de fiestas paganas, pero con el fondo siguen manteniendo la adoración de
algunos dioses indígenas.
En este contexto, la grandeza indígena que quiere potenciar el libro Grandeza ha
guardado silencio cómplice respecto al papel de la Iglesia católica para terminar
justamente con las grandes culturas indígenas que fueron aplastadas de manera ominosa,
violenta y sangrienta primero por la Iglesia católica y luego por la industrialización
impuesta de manera obligatoria por el tratado de Comercio libre con el capitalismo
estadounidense.
Y no debe olvidarse que la grandeza indígena, en el contexto de la globalización
mexicana, fue también aplastada por el Tratado comercial que se logró después de que el
presidente Carlos Salinas de Gortari destruyera la gran herencia de la propiedad comunal
del ciclo indígena y le diera personalidad jurídica a la iglesia católica que en el siglo XIX y el
primer tercio del siglo XX combatió a la Constitución mexicana como proyecto nacional
popular.
Así que el libro Grandeza no es un tratado de historia sino un largo discurso
político de 628 páginas para construir la nueva verdad histórica como ideología del
régimen.
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Política para dummies: la política ha perdonado los grandes crímenes contra la
verdadera grandeza indígena.
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