Nada personal
Crisis de modelo económico; PIB
sexenal de 1.9% no es desarrollo
Desprestigiado como argumento de defenestración de una economía capitalista
con desigualdad social creciente, el neoliberalismo también es política-estrategia-modelo
de desarrollo. México pasó del populismo 1917-1982 con Estado como eje del desarrollo a
un neoliberalismo de mercado de 1983 a 2018 y en los hechos reales la propuesta 2024-
2030 se agobia en un esquema mixto: populismo con neoliberalismo.
Detrás de las cifras del paquete económico para 2026 se localiza la falta de
decisión de gobernantes para redefinir con decisión los modelos productivos. Para
entender posibilidades y limitaciones se puede construir un itinerario de estrategias
económicas, sociales y políticas de desarrollo:
1.- El estatismo con inversión privada 1917-1982 no se preocupó por un mejor
equilibrio entre la inversión pública y la inversión privada y el Estado controló
autoritariamente el espacio de la inversión privada.
2.- El neoliberalismo con autoritarismo estatal inflexible 1983-2018 construyó una
nueva burguesía empresarial vía las privatizaciones, pero la subordinó a los controles
estatales.
3.- Y ahora el populismo de bienestar social con asignaciones directas de gasto
público ha reorientado el presupuesto a subsidios sociales y no le quedan recursos para
gasto en obras que detonen la inversión privada.
La clave para explicar las razones de las crisis económicas recurrentes en México
radica en el modelo económico de Estado rector que definió la Constitución de 1917 y que
inclusive estuvo vigente en el ciclo neoliberal salinista 1983-2018. Pero más que un Estado
rector de la economía y del desarrollo, México ha tenido el lastre de un Estado que se
asume como sector público productivo y que simultáneamente subordina bajo su control
autoritario a los dos sectores que construyen la dinámica productiva: los empresarios y los
trabajadores.
Este modelo de Estado dominador que sustituye la dinámica productiva
empresarios-trabajadores ha significado el fracaso en la práctica y en los hechos de los
experimentos socialistas y comunistas, porque el Estado deviene –una tesis que hay que
reconocerle a Octavio Paz en sus ensayos de 1968-1978– en una burocracia que
administra para su beneficio la indispensable lucha de clases en los sistemas capitalistas
de producción y por tanto esa burocracia obstaculiza el funcionamiento y modernización
del modo de producción.
Cuando el sistema productivo deja de ser consecuencia de la tensión dinámica
entre empresarios y trabajadores y pasa a decisiones de burócratas sin sentido ideológico
y como clase sin idea productiva y solo en función de la administración del conflicto social-
productivo, las economías entran en una dinámica de crisis recurrentes y cíclicas porque
el Estado-burocracia decide por sus intereses y no en función del modo de producción.
El Estado mexicano de 1917 a 2025 y su correlativa burocracia administradora del
aparato gubernamental ha padecido impulsos de obstaculizaciones por parte de los
funcionarios: el período de desarrollo estabilizador 1954-1970 frenó la dinámica creativa
de los empresarios y convirtió a los trabajadores en modernos peones posporfiristas con
políticas sociales que se asemejan a las viejas tiendas de raya.
El desarrollo compartido 1970-1982 liberó el gasto público a lo loco –disculpando
la caracterización psicológica–, pero con los mismos ingresos y el país llegó al colapso en
1982 con un déficit presupuestal escandaloso de 17% y por la acumulación del desorden
las finanzas públicas en 1973 con Echeverría pasaron de los técnicos de Hacienda-Banco
de México a “Los Pinos”, y como diría el ensayista Gabriel Zaid: “así fue, y así nos fue”. El
desorden en el gasto en 1970 1982 prohijó el colapso 1983-2000.
El neoliberalismo 1983-2018 fue ni-ni: ni privatizó la economía ni controló al
Estado.
El presupuesto público se fija con decisiones políticas en materia de ingresos
tributarios y desde 1970 se ha hablado en México de la urgencia de una reforma fiscal que
no significa impuestos a lo loco, sin la reorganización con referentes productivos. Hoy no
existe dinero recaudable suficiente para atender las necesidades de desigualdad social del
80% de los mexicanos y menos hay para detonar la inversión pública inexistente como
desarrollo.
En este contexto se localiza el paquete económico de 2026: el discurso social de la
4T sigue siendo vigente y necesario, pero las decisiones económicas carecen de la
determinación de convocar al diseño de un nuevo modelo de desarrollo. México necesita
una meta mínima el 5% del PIB promedio anual, pero el paquete económico 2026 reveló
un ritmo promedio anual también de 1.9%.
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