La importancia de lo incomprensible
Rubio en México, Procónsul;
remember Chapultepec 1847
Quieren las circunstancias políticas que a veces se perfilan como espacios
estratégicos que la visita oficial del secretario estadounidense de Estado coincida con el
septiembre mexicano que recuerda buena parte de las luchas históricas por su soberanía y
sobre todo la batalla del 13 de 1847 contra el invasor estadounidense que colocó la
bandera americana en Palacio Nacional y consiguió en el castillo de Chapultepec los
Tratados de Guadalupe Hidalgo que le arrebataron a México más de la mitad de su
territorio para anexarlo al naciente imperio estadounidense.
Con rango de irregular visita de Estado, Rubio será recibido en Palacio Nacional por
la presidenta de México, cuando los protocolos diplomáticos señalan la equidistancia de
rangos similares entre miembros del gabinete de las dos naciones. Pero por tercera
ocasión –luego de las negativas a la secretaria de Seguridad Interior y a la secretaria de
Justicia, las dos de la Casa Blanca–, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reiterará la
negativa de México a permitir la entrada de tropas regulares de Estados Unidos a México
para perseguir y destruir a los cárteles del narcotráfico.
Lo que están exigiendo el presidente Trump y sus emisarios plenipotenciarios –el
secretario de Estado, el subsecretario con rango inexistente de vicesecretario y el
embajador como subprocónsul– es que México de manera sencilla viole la Constitución
que regula su existencia porque allí se encuentran el mandato de defensa de la soberanía
interna y externa solo por fuerzas de seguridad estrictamente mexicanas.
Lo más grave de todo es que Estados Unidos no quiere reconocer que ni siquiera el
Ejército Mexicano puede combatir al narcotráfico, si no es con justificaciones probadas de
riesgos de seguridad interior y de apoyo legalizado a decisiones de seguridad pública que
ameritan la participación castrense por el nivel de capacidad de fuego de respuesta de
parte del crimen organizado.
Pero hay que tomar en cuenta un hecho que suele olvidarse o desconocerse: las
presiones públicas de Estados Unidos obedecen a una lógica del poder que parte del
absolutismo de la Casa Blanca y de un principio de extraterritorialidad jurisdiccional
arbitrario para intervenir en otros países o para meterse legal o ilegalmente en otros
países, pero otra cosa es la utilización de esa argumentación como parte del instrumento
de negociación subterránea de decisiones que se toman en función del modelo de tensión
dinámica, es decir la presión de empuje y la presión de resistencia.
Aún si por alguna razón la presidenta de México acepta la entrada de tropas, los
mexicanos podrán brincar para denunciar la violación constitucional y la invasión de una
fuerza expedicionaria extranjera para destruir a grupos a los que solo se les puede atacar
por decisión legal de cuerpos de poder mexicanos.
Lo que pudiera estar buscando Estados Unidos y que pudiera ocultarse en la letra
chiquita del Acuerdo de Seguridad si acaso existe un documento público y si de chiripa el
gobierno mexicano decide darlo a conocer, se encuentra en la intención de la Casa Blanca
de movilizar tropas especiales no para invadir el territorio sino para operaciones
quirúrgicas especiales –se supondría– que penetraran con autorización mexicana a
México para detener a presuntos delincuentes mexicanos contra los cuales no se sabe si
hay o no orden nacional de resto y llevárselos a Estados Unidos para juzgarlos en
tribunales americano.
Es decir, se trataría de institucionalizar el exitoso modelo de secuestro del capo
Ismael El Mayo Zambada, quien fue secuestrado por el hijo del Chapo Guzmán, subido a
una avioneta, aterrizado en territorio americano y entregado a las autoridades judiciales
gringas para ser enjuiciado sin que México pudiera o quisiera meter las manos.
Lo que extraña de todo el aparato de propaganda de seguridad nacional de EU es
su intención de llevar este modelo de entrada de tropas o de operativos específicos
quirúrgicos tendría en realidad muy pocas piezas que cazar, quizá solamente la de
Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho, del Cártel Jalisco Nueva Generación al que tiene
ya muchísimos meses que nadie ha visto en persona pero cuya figura sigue liderando
comunicados y acciones de ese grupo delictivo; y por ahí habría algunos otros capos
menores.
Por tanto, si en verdad el Acuerdo de Seguridad incluye la autorización mexicana
para ingreso de tropas estadounidenses a México como Ejército regular o como fuerzas
especiales, entonces estaremos frente a un entendimiento más geopolítico y de violación
de soberanía que para descabezar a los cárteles del crimen organizado en México que
producen drogas y la contrabandean a Estados Unidos con el aval y la complicidad de las
autoridades americanas que son corresponsables directas del trasiego de drogas.
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Política para dummies: la política tiene que eludir la letra chiquita de los contratos
y acuerdos.
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