Nada personal
CSP-1: el Estado, la economía,
el bienestar y el desarrollo
Las prioridades reales del proyecto presidencial de Claudia Sheinbaum Pardo se
revelan con claridad en la agenda de trabajo en sus giras de fin de semana: temas de
subsidio y sobre todo supervisión de construcción de hospitales, mientras la economía
productiva está suelta porque el Estado no ha asumido sus tareas de rectorado de los
sectores empresarial y laboral.
En el corto plazo, la economía estará creciendo máximo 1%, pero con tendencia
hacia abajo y el riesgo siempre latente de cruzar la línea de flotación y caer a tasas
negativas, en el mediano plazo está establecida la meta oficial de 2.5% de crecimiento
promedio anual pero con las informaciones que revelan que la desigualdad y el
dinamismo requieren mínimo de 4%; y en el largo plazo, analistas consultados por el
Banco de México han concluido que la tasa promedio de PIB anual en los próximos diez
años sería de 1.8% o menos.
Aquí hemos insistido en las cifras oficiales sobre tendencias del PIB a largo plazo:
en el periodo populista de 1934-1982, el promedio anual de crecimiento económico fue
de 6%, con la circunstancia positiva de que en ese mismo lapso hubo una inflación de
2.5%; en el ciclo neoliberal 1983-2018, el PIB apenas alcanzó una tasa anual promedio de
2%, con oscilaciones inflacionarias que llegaron a su tope máximo a 130% en 1987; y en la
corta etapa de populismo neoliberal lopezobradorista 2018-2025, el PIB promedio anual
habría sido de 1%.
El referente al crecimiento económico que resulta de la suma de los bienes y
servicios producidos solo se entiende en términos de que la actividad económica no
funciona solo por los resortes de acumulación privada de riqueza de los empresarios o por
la acumulación fiscal del Estado en el cobro de impuestos productivos, sino que se debe
cruzar con las necesidades de empleo.
Y ahí existe un referente que prácticamente desde 1976 no se ha alcanzado: la
satisfacción de empleo formal –salarios, prestaciones sociales y seguridad médica– debe
atender el hecho de que cada año se incorporan por primera vez en el mercado de trabajo
poco más de un millón de mexicanos y que para atenderlos se requieren tasas de PIB
superiores al 4%.
Ante el estancamiento en el ciclo neoliberal salinista y populista-neoliberal del
lopezobradorismo, la economía no ha podido satisfacer la demanda de empleos formales
para los nuevos mexicanos que se incorporan por primera vez al mercado de trabajo, pero
habrá que sumar la cifra de trabajadores que no alcanzaron la condición de formales y
que oficialmente suma el 54% de la población económicamente activa.
En este contexto, el desafío de bienestar social para los periodos populistas y
neoliberales ha radicado en que la economía de estancamiento abajo de 2% no alcanza
siquiera a ofrecer bienestar a los que ya están en el mercado de trabajo, a los que hay que
agregarle los nuevos trabajadores anuales que se suman a la población activa y a los
rezagados.
El Tratado de Comercio Libre del presidente Carlos Salinas de Gortari buscó un
nuevo modelo de desarrollo económico hacia el exterior o articulado a la economía
mundial para crecer en el producto y distribuir el bienestar, pero el resultado está la vista:
el ciclo neoliberal se puede acreditar como de crecimiento con pobreza y concentración
de la riqueza cada vez en pocas manos.
Este es el desafío que se encontró la presidenta Sheinbaum Pardo al jurar su cargo
como presidenta de la República para el período 2024-2030, y para ello tuvo dos
instrumentos públicos concretos: el Plan Nacional de Desarrollo que quedó solo en un
documento dogmático y sin enfoque programático y el Plan México que tendría mucha
viabilidad si antes tuviera resultados muy concretos no solo en la reorganización del
sistema productivo que está envejecido frente a las exigencias tecnológicas de otros
países, sino que tampoco ofrece el liderazgo que constitucionalmente tiene la jefa del
Ejecutivo federal por mandato constitucional de la rectoría del Estado, es decir la fuerza
del sector público para definir ritmos y objetivos del crecimiento como desarrollo y la
obligatoriedad para resolver las exigencias de la modernización industrial y agropecuaria.
Los programas sociales han cumplido su función, pero muy pronto han llegado al
límite de que requieren de fondos públicos para sostenerse y crecer y éstos no han podido
llegar por la falta de estímulo a la producción privada y por la dependencia inocultable
entre el volumen de gasto público como consecuencia de la recaudación que genera el
crecimiento económico.
El sexenio del presidente López Obrador cumplió en programas sociales, pero
incumplió el mandato de rectoría del Estado y la necesidad de crecer el producto arriba
de 4%. El mismo desafío tiene la presidenta Sheinbaum Pardo, pero hasta ahora ha
seguido los limitados caminos económicos del no-desarrollo de López Obrador.
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Política para dummies: la política sin economía termina siempre en autoritarismo.
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