Nada personal
Sopesando costos: 15% de
aranceles o 100% soberanía
Las negociaciones estratégicas entre estados no se miden en función de acomodos
coyunturales con resultados menores a los deseados. Europa cedió su soberanía
geopolítica, económica y militar para obtener un 15% de rebajita en los aranceles
amenazantes de 30%, pero en el fondo la UE se sometió a la voluntad estratégica de la
Casa Blanca.
El presidente Trump amenazó con aplicar 30% de aranceles a México si en
términos estrictos no entrega presuntos narcopolíticos enlistados en Washington a partir
de las delaciones de los capos del Cártel de Sinaloa, pero todos los indicios revelan que lo
que está en negociación es solo la mitad del 30% y dejar vigente el 15%, lo cual de todos
modos significa un daño económico para México.
En este sentido, en Palacio Nacional pudiera estarse analizando lo que el lenguaje
estadounidense se pudiera llamar opción nuclear –opción de última instancia–: no ir más
allá de operativos de los realizados hasta hoy para decomisos de huachicol, algo de
fentanilo y presencia militar en la zona territorial del cártel del Chapo y aguantar el
ramalazo de aranceles que de todos modos Trump va a decidir hoy o en cualquier otra
circunstancia o con cualquier otro pretexto.
El siguiente movimiento en el tablero de ajedrez geopolítico bilateral sería de
Trump: aplicar aranceles en lo que se le antoje, aceptar daños a sus consumidores e
importadores y definir su opción nuclear: aprobar incursiones de fuerzas militares y
policiacas de Estados Unidos en territorio mexicano, pero sin autorización de Palacio
Nacional, lo cual implicaría cuando menos en términos teóricos una declaración de guerra.
Eso sí, Trump podría dejar el 30% de arancel de castigo y seguir insistiendo en su agenda
de dos puntos: narcopolíticos y destrucción del territorio narco en Sinaloa.
El camino intermedio –que también está en el tablero de suposiciones de la Casa
Blanca– sería la liberación de nombres de narcopolíticos presuntamente involucrados en
el apoyo al cártel de Sinaloa, comenzando con el presidente emérito Andrés Manuel
López Obrador por su decisión de no atacar a ese grupo delictivo y de permitir que
personeros de ese cártel se metieran a apoyar al gobierno lopezobradorista de Rubén
Rocha Moya.
Las listas que han estado circulando por ahí son justamente listas no oficiales,
aunque algunos de los nombres provengan de fuentes oficiales o de opositores mexicanos
con vinculaciones con los sectores conservadores estadounidenses. Y se podría dar
nombres de políticos y empresarios que estarían dedicados al tráfico de huachicol, y es allí
donde se manejan sin dar nombres presuntos gobernadores y hasta quizá un par de
miembros del gabinete actual. Ahí también Estados Unidos tendrá la capacidad de
conformarse con circular nombres y desprestigiar, pero se encontrará con el muro de
Palacio Nacional de que presenten pruebas a satisfacción de México no en función de los
procedimientos penales bastante laxos y no verificables de las fiscalías americanas.
En términos de soberanía, al Gobierno de la presidenta Sheinbaum le preocupa
más su fortaleza soberana que responder a sus compromisos con el presidente emérito.
En los hechos, a la actual administración mexicana le sigue pesando la falta de decisión
soberana del Gobierno del presidente López Obrador para enfrentar el secuestro del capo
Ismael el Mayo Zambada en julio del año pasado, además de haber entregado sin
controles ni candados al chapito Ovidio y al Chapo Guzmán.
La decisión que tome la presidenta Sheinbaum frente a la amenaza arancelaria de
Trump que se vence la noche del jueves 31 y que entraría en funcionamiento el viernes 1
de agosto va a definir la fortaleza interna de su sexenio, aún si las listas involucraran a
políticos y empresarios en activo y articulados a la 4T. En Palacio Nacional tienen indicios
de que las evidencias contra los supuestos narcopolíticos fueron elaborados por la DEA
que fracasó en el caso del general Salvador Cienfuegos Zepeda o de la CIA cuyo
funcionamiento ha desnudado como un fracaso histórico en dos libros el investigador Tim
Weiner demostrando que esa organización de espionaje siempre careció de funcionalidad
en el manejo de inteligencia para la toma de decisiones de la Casa Blanca.
Y en el hipotético caso de que se presenten casos con pruebas, a la presidenta
Sheinbaum le convendría darle cauce institucional, cesar a los señalados y abrir carpetas
de investigación, pero como primera decisión no entregarlos de manera directa a Estados
Unidos. Y aunque quisiera Trump, tampoco tendría las condiciones internas para lanzar
asaltos militares contra México el propósito de secuestrar a presuntos narcopolíticos.
Como decía Yogui Berra en el béisbol, esto no se acaba hasta que se acaba.
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Política para dummies: la política es el arte de la no-política.
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