Nada personal
No Marines a las puertas sino
peor: regresa narcocertificación
Salvo un par de excepciones que tuvieron que ver sobre todo con los ataques
terroristas del 9/11/2001, la larga lista de decenas de organizaciones radicales que son
caracterizadas como terroristas por el Departamento de Estado es solo una referencia que
estaría implicando solo el interés estadounidense de observación y seguimiento sobre
grupos de activismo contra intereses de EU.
De toda la lista, solo se recuerda con precisión la decisión extraterritorial y
extrajudicial del profesor de derecho constitucional Barak Obama para localizar a Osama
bin Laden como presunto jefe del grupo Al Qaeda que habría organizado los ataques
terroristas sobre Nueva York y Washington y asesinarlo sin pasar por juicios legales.
Marines estadounidenses localizaron a Osama, lo asesinaron en una casa habitada por
mujeres y niños y –cuando menos de manera oficial– tiraron sus restos al mar para evitar
una tumba que fuera referencia de los musulmanes radicales.
En este sentido, la decisión que presuntamente mañana miércoles tomará el
presidente Donald Trump para caracterizar a cárteles mexicanos del narcotráfico como
organizaciones terroristas no implicaría en modo automático la incursión de fuerzas
especiales militares estadounidenses en terreno mexicano para atacar y destruir las
presuntas zonas territoriales habitadas sobre todo por el Cártel de Sinaloa, el principal
fabricante del fentanilo que se contrabandea a Estados Unidos.
Las razones de esa lista negra de la política exterior estadounidense son políticas.
Por ejemplo, Cuba estuvo mucho tiempo en la lista de países que protegían el terrorismo,
Biden la sacó horas antes de entregar el poder y el presidente Donald Trump, horas
después de tomar la presidencia de EU, regresó al gobierno cubano a esa lista. Pero en
términos estrictos, el Gobierno de Estados Unidos ha aprobado, financiado y operado
actos terroristas contra el Gobierno de Cuba solo por su carácter de definición
constitucional de Estado marxista-leninista, y hasta ahora no se tiene detectado ningún
acto cubano de terrorismo contra Estados Unidos, aunque el territorio cubano es una
especie de santuario de organizaciones radicales armadas que estarían también en la lista
de terroristas del Departamento de Estado.
A pesar de la facilidad con la que se ejerce el poder imperial en Washington,
todavía hay evidencias en el sentido de que pudiera ser un mito la existencia del famoso
portafolio nuclear –mejor conocido como balón– que acompaña al presidente de EU
inclusive hasta el baño, porque existen muchas restricciones y verificaciones que tendrán
que pasarse para que el titular de la Casa Blanca decide algún ataque nuclear.
En su último libro Peligro, el periodista Bob Woodward cuenta –con evidencias
oficiales– que horas después del asalto de turbas trumpistas a las instalaciones del
Capitolio, la líder demócrata de la Cámara Nancy Pelosi le llamó preocupada al jefe del
Estado Mayor conjunto del poder militar estadounidense para decirle que tenían
información de que Trump estaría dispuesto a realizar un ataque nuclear fabricado para
quedarse en la Casa Blanca.
El general encargado de la Junta de Jefes militares le respondió que eso era
imposible, que el botón nuclear no se apretaba por voluntarismo presidencial y que los
militares no iban a permitir ataques que no cumplieran con requisitos legales. Por si las
dudas, Pelosi logró la aprobación de las Cámara para quitarle a Trump el botón nuclear,
pero el Senado republicano hecho abajo esa decisión.
El secretario de Estado Mike Pompeo cuenta en sus memorias que el presidente
Trump le preguntó si podía lanzarse un misil sobre los laboratorios del Cártel de Sinaloa
en el territorio mexicano, pero que la bala destructora no debía llevar ninguna
identificación americana. Y el funcionario, sorprendido, rechazó esa posibilidad.
La caracterización de cárteles mexicanos como terroristas que presuntamente se
decidirá mañana miércoles en la Casa Blanca será más bien un sello negativo al gobierno
mexicano porque lleva implícita la acusación todavía vigente en documentos oficiales del
Gobierno de Estados Unidos de que los cárteles del narcotráfico están aliados con el
gobierno mexicano. Y en todo caso, la caracterización de narcoterrorismo conducirá a un
nuevo mecanismo que EU pondría en marcha de manera simultánea para regresar sin
decirlo al modelo de la certificación por parte de Washington respecto a que si México
está colaborando en la lucha contra el narco o sigue siendo un cómplice.
En todo caso, esa caracterización podré llevar audiencias públicas en el Senado
como en 1985 para denunciar al mundo el criterio estadounidense de la complicidad
mexicana con el narco.
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Política para dummies: la política a veces es un estorbo.
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