Descomplicado
Conmovedora la opinión de los intelectuales orgánicos de Morena en su afán de salvar cara por apoyar una causa que no está a la medida de sus escrúpulos. Abonados en el castillo de la pureza no quieren ver que han apoyado con singular persistencia lo indefendible, que siempre fue, pero, por la razón que sea, abrazaron una causa que nunca existió. Ya conocido de todos, prueba no superada. Se complacen en la hazaña de haber acabado con millones de pobres y los incrementos de los salarios mínimos, sin advertir qué lo hizo posible (el ahorro del vilipendiado neoliberalismo), los costos y las consecuencias. Saben de razones y un poco de números; no de un simple y sencillo: “me equivoque”.
Los labriegos de la pureza se han lanzado con singular denuedo contra los asociados de Morena y de vez en cuando a los socialmente imputados del régimen; gritos de purgar a los compañeros de viaje que la necesidad de ganar los hizo subir a bordo, pero que es preciso dejar de lado. Están en la misma postura que el del camarada comisario, Pablo Gómez, quien elaboró una iniciativa para volver realidad el partido único y la sobrerrepresentación para que Morena pudiera arrogarse el derecho exclusivo y elevada misión de representar al pueblo. No advierten que los asociados también han sido y serán indispensables para gobernar y dominar.
Doble error: creer que Morena es virtud en vida y el PVEM y PT polizontes del tren de la transformación. Se requiere más que desmemoria o miopía para ignorar que lo peor habita en la casa principal. El testimonio del consejero jurídico de la presidencia Julio Scherer o, en el otro extremo, el de Hernán Gómez Bruera, ambos obradoristas de cepa, revelan que la venalidad está en casa, en la habitación principal y desde hace mucho tiempo. Mejor voltear al lado.
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