QUERÉTARO, Qro., 07 de mayo de 2020.- Los jóvenes también sufren de insuficiencia renal, pero al ser una enfermedad asintomática, estos acuden hasta que manifiestan situaciones agravadas, advirtió la investigadora Hilda Edith Noriega Jiménez, de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Al ser asintomática, la insuficiencia renal, es que se determinó hacer análisis de sangre a todos los alumnos y docentes que voluntariamente accedieran a participar, al pertenecer al rango de entre 18 y 35 años de edad. A partir de los resultados se buscará replicar el estudio en el resto de las facultades.

“Esta primera parte es para ver, realmente, qué encontramos, si encontramos que sí son varios los jóvenes que están presentando daño renal, ahora sí lo podríamos hacer, ampliar el proyecto, buscar en varias facultades y ver si hay algún factor que esté presente”.

El trabajo se realiza dentro del Laboratorio de Genética y Biología Molecular, de la Facultad de Medicina, y nació de una detección anterior.
“Surgió a raíz de un proyecto anterior que estuvimos trabajando, de trasplante renal. Lo que detectamos fue que había una gran cantidad de jóvenes, ya trasplantados, la mayoría de ellos serían de menos de 30 años, y la causa de insuficiencia renal que ellos tenían era idiopática… quiere decir que no tiene una causa aparente, no es secundario a algo más. Nos dimos a la tarea de saber qué es lo que está ocurriendo con nuestros jóvenes para que ya lleguen a una enfermedad renal”.

Tras encontrar a esos jóvenes que requirieron una terapia de sustitución surgió la certeza de que es necesario conocer las causas de la insuficiencia renal en dicho sector de la población.

“Se empezaron a tomar algunas muestras, como una prueba piloto, por así decirlo, y sí se encontraron algunos jóvenes, no en datos de insuficiencia renal, pero sí que ya estaba disminuyendo su función renal”.

La situación se contrapone con lo que los médicos, por lo general, esperan, es decir, que la insuficiencia renal se presente en personas de mayor edad, con enfermedades previas como diabetes e hipertensión.

“Esto es lo que nos hemos encontrado, que ya hay jóvenes que empiezan a tener disminución de la tasa de filtrado glomerular (TEFG), es la forma en la que medimos, de forma indirecta, qué tanto está funcionando el riñón… Son muestras de sangre… checas niveles de creatinina; ya con la creatinina podemos evaluar la tasa de filtrado glomerular”.

El análisis de las muestras se encuentra pausado por la contingencia sanitaria.

La meta del proyecto es evitar que la detección de la enfermedad renal se dé hasta que la salud del paciente se encuentre agravada. La afección, por tanto, se busca en pacientes aparentemente libres, de factores de riesgo de daño renal.

«Empieza a fallar el riñón y hasta que ya está muy grave, hasta que ya casi no funciona, te da síntomas, pero en ese momento ya tienes que darle terapias agresivas: diálisis, hemodiálisis, etcétera. Lo que se busca, de manera general, como médico, es que tú detectes a los pacientes con problemas renales antes de que presenten el daño, o sea, cuando empieza a disminuir su función renal, pero por lo general lo buscamos en pacientes grandes, con algún otra enfermedad, no lo esperas de un paciente joven, aparentemente sano, entonces no se busca”.

Al detectar los factores de riesgo a tiempo podrían generarse cambios en el estilo de vida que eviten se agrave el daño en los riñones, entre esas modificaciones podría estar cambiar la alimentación y hacer ejercicio.
“No esperarnos hasta que sea algo irremediable… prender un foco rojo y decirle: ‘cuidado, tu riñón ya se está empezando a lesionar, cuídalo’”.

Por último, resaltó que de acuerdo a la Organización Mundiál de la Salud (OMS), 1 de cada 10 personas tiene algún grado de falla renal, “no quiere decir que tenga insuficiencia, no quiere decir que necesita diálisis, quiere decir que su riñón ya está empezando a fallar”.