Filosofía sin escrúpulos
Paola Gámez Pouzou, Profesora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño, Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.
Se dice que este fenómeno sucede cuando, de forma involuntaria, nuestra mente invoca o nos recuerda un suceso del pasado, que probablemente, creíamos haber olvidado. Aparentemente, la mayoría de las veces es accionado por un olor.
Las casas son un compendio de esas magdalenas de Proust. Estas ultimas semanas las he pasado en casa de mis papás, por causas de fuerza mayor, desgraciadamente. Ésta es la casa donde crecí y sobra decir que, para mí, está cargada de magdalenas de Proust.
Más bien, le llamaría una sinfonía de Proust, ya que no fue una magdalena, famoso panecillo francés, lo que me lleva a tantos recuerdos, si no, los ruidos que se perciben, sienten y escuchan dentro de esta casa lo que me ha mantenido bajo el efecto.
Estrictamente, una casa, no sería más que el lugar donde habitamos, compuesto por materiales de construcción que le dan forma a los espacios.
La mayoría de nosotros sabemos que esto es tan sólo una parte de lo que una casa es, y más, la casa de los papás, un lugar que se llena de recuerdos que componen la vida, de olores, de momentos, de interacciones y muy particularmente, de crujidos, chirridos, runrunes, zumbidos y pitidos.
El abrir y cerrar de puertas, determinar con certeza si fue la puerta del baño o de cuál recámara, porque cada una tendrá su particularidad, tal vez una chirria más que otra o si fue la lavadora o la secadora la que ya terminó el ciclo o por el contrario, si ni siquiera lo ha iniciado, lo cual indica, muy probable, que ya se descompuso y hay que llamar a alguien, el ruido de los platos en la cocina cuando se ha terminado de comer o de cenar, las llaves de alguien que recién entra o sale, la televisión o incluso, las pisadas de alguien que se levanta en medio de la noche tal vez a buscar agua o al baño.
Y seguro, cuando se guarda silencio, se entenderán los murmullos y susurros de aquellos que fueron parte de lo que en un inicio era una casa, pero que con todo lo anterior se llenó de vida y finalmente se convirtió en un hogar.
A la memoria de Paulita, mi mamá.