Perder el futuro

Un día después de que México decidiera volver a clases el próximo 24 de agosto a través de programas en radio, televisión abierta y en línea, el secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, llama al mundo a priorizar el regreso a las aulas tan pronto como la pandemia y las medidas adecuadas de cada gobierno lo permitan, de lo contrario pronostica una “catástrofe generacional”; muchos alumnos quedarán atrás, sobre todo los discapacitados, los marginados en comunidades minoritarias y desfavorecidas, los desplazados, los refugiados y aquellos que viven en zonas remotas.

“Vivimos un momento decisivo para más de mil millones de niños y jóvenes. Las decisiones que los gobiernos tomen ahora tendrán un efecto duradero en futuro, así como en las perspectivas de desarrollo de los países durante decenios”, señaló Guterres, tras presentar un informe sobre el impacto del cierre de escuelas en más de 160 países.

La pandemia está aumentando las desigualdades educativas, advierte el jefe de la ONU, “Nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas”.

Para México esta realidad es inocultable. A la crisis sanitaria, con 50 mil muertos, 445 mil contagios, y a la depresión económica por la caída del 10% del PIB, sume una notable falta de oportunidades y tendremos una tormenta perfecta… y maldita.