Las Batallas
CUERNAVACA, Mor, 23 de julio de 2026.-El asesinato del alcalde Valentín Lavín Romero, ocurrido el 22 de julio de 2026, no es un hecho aislado ni un estallido espontáneo de violencia. Es la confirmación de que el crimen organizado en Morelos sigue escalando su capacidad de presión, control y castigo contra los gobiernos municipales.
Y lo hace porque exige algo muy concreto: la entrega de áreas estratégicas del ayuntamiento que les permitan controlar recursos públicos y extraer rentas de la población. Lo que ocurrió en Cuautla es el ejemplo más claro. Ahí, el propio alcalde Jesús Corona terminó encabezando la red de extorsión municipal. Hoy está preso. No porque el crimen lo haya doblegado, sino porque se volvió parte del crimen.
En Temoac, el caso es distinto, pero la lógica es la misma: presión, exigencias, acuerdos forzados y castigo cuando no se cumplen.
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