Cuauhtémoc Cárdenas: el hombre que abrió el camino de la democracia
La nota que recientemente ocupó la portada de La Jornada no es un dato menor ni una simple cifra técnica para especialistas en finanzas. El anuncio de la Secretaría de Hacienda sobre la disminución sustancial en los pagos de la deuda externa —reduciendo las amortizaciones en un 54 por ciento para 2027, 61 por ciento para 2028 y 15 por ciento para 2029— representa una decisión de alto calado político y social: gobernar con planeación para blindar el bienestar del pueblo.
Durante décadas, los gobiernos del PRI y el PAN acostumbraron a México a las crisis de fin de sexenio, a la asfixia por vencimientos de deuda y al sometimiento de las prioridades nacionales a las presiones del capital especulativo. Cuando el calendario de pagos apretaba, la receta siempre era la misma: recortar salud, educación, infraestructura y programas sociales para cumplir religiosamente con los acreedores internacionales. Esa lógica colonial de la economía quedó atrás.
Lo que hoy ejecuta el gobierno no es magia ni ocurrencia, sino una gestión de pasivos seria, responsable y soberana. Al recomprar deuda de corto plazo y refinanciarla con instrumentos a plazos más largos y en mejores condiciones, México logra una despresurización inmediata de sus finanzas públicas. Quitar de encima el 60% de la carga de pagos para los años venideros significa una sola cosa: margen de maniobra para el Estado.
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