QUERÉTARO, Qro., 16 de octubre de 2021.- María Diana Lorena Rubio Navarro imparte clases en bachillerato, es de Querétaro y se encuentra dentro de los diez docentes finalistas del Global Teacher Prize 2021, de la fundación Varkey, que reconoce a los mejores maestros del mundo y al ganador del primer lugar le otorga un premio de 1 millón de dólares, el premio más alto en esquemas de su tipo.

Se trata de la primera ocasión en que México ingresa a la contienda mundial.

Es la segunda ocasión que Rubio Navarro se encuentra en un certamen que reconoce a los docentes excepcionales; la primera vez fue en el 2020, cuando su trabajo en la educación le valió el primer lugar del premio Docentes Extraordinarios, ese del National Teacher Prize México, del Movimiento STEAM; que promueve la enseñanza de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.

En esa ocasión ganó un millón de pesos, dinero que utilizó para adquirir más material para su Club de Ciencias.

El reconocimiento del 2020 le abrió la oportunidad para que en todos los bachilleratos del país se replique el club de ciencias y también la de llevar a la normal del estado sus métodos de enseñanza, que permiten una educación más real, menos tradicional.

Junto a otras docentes del país formó un colectivo para estimular que las mujeres docentes influyan en el gusto por participar en las ciencias, particularmente en las alumnas.

Varios de los estudiantes de Rubio Navarro han desarrollado prototipos para resolver problemas reales de su entorno, en los que emplean conocimientos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; trabajo aún más loable al tomar en cuenta que eso no les genera ganancias ni se refleja en sus calificaciones académicas, pero sí los ha llevado a representar a Querétaro y a México en ferias científicas nacionales e internacionales.

Dos de sus ex alumnas ya crearon sus propios esquemas para estimular la participación de las mujeres en las ciencias, punto a destacar, toda vez que las ideas respecto a “roles de género” aún pesa para que las chicas que inician se mantengan en los Clubs de ciencia.

Rubio Navarro llegó de casualidad a la docencia en el 2011, cuando fue invitada a dar clases en el CBTIS 118, en El Pueblito, Corregidora. Comenzó a impartir cátedra con un esquema igual al que ella recibió conocimiento en las ciencias exactas, pronto se dio cuenta que eso a los alumnos no les interesa.

Fue tras una exhibición de ciencias que un alumno se le acercó para que le ayudara con un proyecto, de ahí entendió que se requiere de otros esquemas para que vivan las ciencias; de ahí surgió su Club, que inició con un alumno y ahora cuenta con entre 40 y 50.

El bachillerato es un nivel educativo de gran importancia, es en él donde los jóvenes aún definen a qué quieren dedicarse; es también el lugar propicio para fortalecer la participación de las mujeres en las ciencias.

Particularmente le gusta que las estudiantes le hacen muchas preguntas respecto a desarrollos científicos, los viajes al extranjero y sobre si destacar en el mundo de las ciencias puede coordinarse con otras actividades, como casarse y tener una familia.

“Que vean que la ciencia es un proyecto de vida, puede llegar a ser un proyecto de vida y que todos ellos pueden llegar a ser científicos. Dirigí muchos de mis esfuerzos hacia las chicas.”.

Su arribo a la docencia resultó fortuito, inició su vida laboral como educadora física, eso la llevó a estudiar una maestría en neurociencias y un doctorado en neurobiología, del que recibió la invitación para dar clases en el CBTIS.

“Sí he trabajado en otras escuelas, pero ya de manera permanente, en el CBTIS trabajo desde el 2011; ahora colaboro con la Normal del Estado, doy algunas clases a los docentes de educación física… Trabajo con los demás planteles de mi subsistema, que es la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI); en el estado hay cinco planteles… afortunadamente en cada plantel ya hay un Club de Ciencias”.

Destacó que su labor le ha permitido darse cuenta que al igual que ella son muchos los docentes quienes, para asegurarse de que sus estudiantes logren un aprendizaje, logran cosas extraordinarias a través de las actividades ordinarias en sus aulas.