El Maximato
Soberbia del PRI y PAN
La soberbia llevó a la perdición al PRI.
También sucedió lo mismo con el PAN
El PRD no se quedó atrás.
¿Quién sigue?
La soberbia de sus líderes contribuyó de manera determinante a que el PRI y PAN
dejaran de disfrutar el ejercicio del poder.
Empezaron a distanciarse del pueblo y el pueblo terminó por darles la espalda.
Riesgo de cualquier político, en particular cuando llega al poder y cree que todos le
deben pleitesía.
El PRD, si bien no alcanzó la presidencia de la República, llegó a gubernaturas y
municipios. La arrogancia de un pequeño grupo los llevó hasta la extinción, a perder el
registro.
No es un mal sólo de los partidos en México, igual ocurre en otros países, con
organizaciones de izquierda y de derecha. En el momento en que los dirigentes dejan
de pisar tierra o despegan los pies del piso, comienzan a cavar su propia tumba
política.
El PRI, como lo expresó alguna vez el escritor peruano Mario Vargas Llosa,
representaba la “dictadura perfecta. Las hojas del árbol, valga la paradoja, sólo se
movían con autorización del tricolor. Todas las instituciones, en su época de mayor
hegemonía, estaban bajo su control. Incluso hasta había partidos de oposición que
operaban para su beneficio, llamados satélites, a cambio de conservar el presupuesto
oficial.
A partir de que se desentiende de la sensibilidad social y de la gente, por la
desmedida ambición de cuadros directivos que ya nada más se esmeraban en ver
quien acumulaba más riqueza, sumidos en el estercolero de la corrupción, disminuye
la intensidad de la luz de su poder.
Una vez que terminaba sexenio, había nuevos ricos y más mexicanos en la pobreza,
con más carencias.
Con el arribo de tecnócratas, el partido en el poder se volvió más insensible hacia la
población.
La verdad, la gente fue muy tolerante. Aguantó y aguantó hasta que terminó por
hartarse, por aborrecer a los priistas. Desde 1988 intentó quitarlos del poder. No pudo
ante el control que existía de los organismos electorales, manipulados desde la
Secretaría de Gobernación.
Una vez que estos organismos se “ciudadanizaron”, se abrió la posibilidad de la
oposición para ganar la presidencia. Y así fue en 2000, con la alianza encabezada por
Acción Nacional y Vicente Fox.
Renació la esperanza de la sociedad, la mayoría supuso que vendría una nueva
etapa. Creyó en las palabras de Fox en el sentido de que acabaría con las “víboras
prietas”, “tepocatas” y toda clase de alimañas en la administración pública. Ofreció y lo
hizo, buscar hombres y mujeres de excelencia para integrar su gabinete. Arrancó bien,
se desplomó en el camino.
El gobierno de Fox sucumbió ante la tentación del dinero, se llenó las bolsas de
billetes.
Derrochó el bono electoral y dejó vivas a las víboras prietas, a las tepocatas y a toda
la fauna de alimañas.
Jugó sucio para conseguir que el PAN, con diferencia menor al punto porcentual en
las elecciones de 2006, conservara el poder con su candidato Felipe Calderón, quien
pretendió sin éxito legitimarse con el “michoacanazo” al meter a la cárcel a una
veintena de alcaldes presuntamente vinculados con la delincuencia organizada. Todos
recobraron la libertad.
Peor le fue al declarar la “guerra” al narcotráfico, porque significó pegarle al avispero,
sin estrategia, sin inteligencia, error que todavía sigue pagando el país. Y el colmo es
que su secretario de seguridad terminó encarcelado en los Estados Unidos por sus
vínculos con los capos.
Regresó el PRI al poder, la gente le dio una nueva oportunidad ante el desencanto
panista.
El problema fue que los priistas volvieron a caer en la soberbia y en la corrupción. La
gente no los perdonó en la elección de 2018.
Hasta la fecha, ni priistas ni panistas han aprendido la lección, en la dirección siguen
los mismos que llevaron a la ruina a su instituto político. No han cambiado sus
modales.
Más les vale a quienes ahora están en el poder, si quieren mantenerlo, se vean en
ese espejo.
X y Tik Tok: @zarateaz1