Sólo 550 personas han estado en el espacio exterior. No soy una de ellas, pero imagino que la sensación debe ser comparable con estar en una dimensión surreal, una atmósfera que no fue creada para el existir del individuo. Algo comparable me sucedió visitando el Burj Khalifa en Dubái. Concreto, acero, vidrio, elevadores a toda velocidad y el edificio más alto del mundo, no era poca cosa lo que me aguardaba. Pero lo que si nunca esperé fue el profundo efecto emocional que experimenté. Aún cuestiono exactamente qué me sucedió, habiendo estudiado y visitado edificios icónicos con anterioridad, ninguno en mi memoria arquitectónica había causado tal emoción.

Cifras asombrosas, 828 metros de altura, mantenidos en secreto hasta el año 2010, más de 160 pisos que lo hacen la estructura más alta del planeta, elevadores que llegan al piso 148 en menos de 1 minuto y seis récords Guinness en su haber. Restaurantes, hoteles, departamentos y oficinas, se convirtió casi inmediatamente en un edificio icónico no sólo del medio oriente si no también del planeta.

En el mirador, la vista te quita el aliento, la emoción de ser testigo de la capacidad del ser humano de crear sensaciones, espacio y vida en dónde se creía imposible, un desierto. El Golfo Pérsico, el juego de rascacielos, las fuentes y la abundante presencia del agua como símbolo de esperanza de vida en medio de donde antes no había más que arena y calor. Esta es la cuestión más conmovedora, la arquitectura tal vez no tenga la capacidad de salvar al mundo, tal vez no logre hacernos mejores personas, pero sin duda es una muestra de las facultades de la mente humana de materializar lo inimaginable.

Sea cual haya sido la intención de su creación, ambición, poder, codicia o deseo, el Burj Khalifa es mucho más que una pieza arquitectónica, es una obra de arte, una experiencia sensorial, un objeto de diseño, una sinfonía que exalta los sentidos para moverte a entender, que el ser humano es capaz de sobrellevar cualquier crisis, cualquier pandemia o desastre.

Arq. Paola Gámez Pouzou, Profesora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.