Sigo sin entender como si no tienes el honor de estar con Obrador, de un momento a otro te conviertes en enemigo de la patria. 

Hace algunas semanas se anunció que Andrés Manuel López Obrador haría una gira oficial por Estados Unidos, se encontraría con Donald Trump para avanzar en los acuerdos inscritos dentro del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Canadá y México. El marco era inigualable para tomar las decisiones más relevantes si pensamos en el futuro del país.

Así que la mesa estaba puesta. Sólo faltaban los ingredientes importantes, uno de ellos era conocer a detalles los temas. Nada podía fallar, el Tratado es de los más influyentes del mundo, los ojos del orbe iban a ser testigos de la plataforma comercial de impulso a la región más profunda e incluyente; sin embargo, nos dimos cuenta que era más una reunión de protocolo y de allegarse costos políticos, que de trabajo.

Para empezar, la mesa de acuerdos era un gran set de televisión, López Obrador presentando sus respetos tanto a Lincoln como a Juárez, personajes símbolos de naciones que evolucionan al ritmo de sus gobernantes. Una declaración conjunta llena de elogios; de repente Trump era el mejor amigo de México, y López Obrador el socio que cualquier gran empresa quisiera.

Mi primera gran decepción fue que el tema de la seguridad quedó afuera de la conversación. Hasta cierto punto, ¿qué esperanzas va a traer el acuerdo comercial?, si no somos capaces de poner no en letras chiquitas, si no en el marco general del contrato, que juntos van a buscar la forma de garantizar los mayores esfuerzos para hacer de la región, una zona armónica, donde en las manos de los trabajadores, no exista el miedo a morir o a vivir amenazado.

No debemos perder dimensión de que es un problema compartido. Estados Unidos es de los países con más consumidores, y México alguna vez trasiego, hoy produce y fabrica, pero sobretodo, es el país con más muertos producto de enfrentamientos entre cárteles que se disputan ese mercado, y sobretodo, que han evolucionado hasta convertirse en grupo que secuestran, extorsionan y roban el patrimonio de los mexicanos.

Alguna vez mencionaba que dejar fuera el tema de la seguridad era como darse un balazo en el pie, sólo que el arma la pondría Estado Unidos, pero el dolor y la sangre dejaría inservible un zapato del lado mexicano, ejemplo tan literal que me hace recordar todo lo caminado en este año buscando justicia, donde nos hemos encontrado con más dolientes, con muchos duelos y víctimas.  

Mencionamos todo este marco porque decidimos ir a Washington, junto con mi tío Adrián, sin ninguna certeza, ni garantía de que nos pudiéramos acercar un poco, pero siempre con la intención de recordarle al Presidente que había un tema en el que estaba en falta y era urgente que se tratara en este viaje.

Siendo honesto, el tema de la violencia y la seguridad era un monstro latente en mi realidad, sabíamos que ahí estaba, que acechaba todo, pero nuca había sido víctima, hasta que mi familia fue víctima de uno de los capítulos más sangrientos de la historia. 

Mujeres y niños, algunos con ambas nacionalidades quedaron convertidos en cenizas. Hace poco mi tío Adrián LeBarón subió una foto donde está una familia a la que le falta una madre, las manitas de los niños sobrevivientes en una placa de cemento en el suelo, y una foto tan hermosa que pareciera imposible fuera fruto del infierno más aberrante.

Así que llegamos dispuestos a manifestarnos, no contra Andrés Manuel, sino contra la violencia, la inseguridad y el crimen, es una causa que nos ha encargado con ferviente pasión y se las debemos a todos aquellos que en nuestro caminar, siempre nos han dado un abrazo, un pésame y una mirada llena de esperanza.

Sin embargo, el siguiente punto que haría que no caminara el Acuerdo, es la división y polarización en la que vivimos. No critico el fanatismo, pero deben entender que no deja lugar al diálogo; tomar decisiones correctas inicia cuando te pones en el zapato del otro, entiendes sus problemas, y ayudas a resolverlos.

Así que fuimos encarados calles antes de la Casa Blanca y nos gritaban “Es un honor estar con Obrador” como un corillo hipnotizante, pero que separaba mundos. Me imaginaba una contraparte donde todos cupiéramos, que tal un “es un honor estar contra la violencia” o  ”es un honor no caer en corrupción”, imaginen a todos los mexicanos por fin trabajando por causas y no por personas. 

Espero de corazón que el acuerdo prospere, que la violencia termine, que los mexicanos nos entendamos, eso haría avanzar a cualquier nación sin importar su apertura comercial. Pero esta vez no fue, López Obrador fue actuar en un spot electoral para Trump, sólo espero que el costo sea convertirnos en un aliado estratégico y no sólo haya regresado con una gorra y playera barata, digna de cualquier mitin en México.