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QUERÉTARO, Qro, 22 de febrero de 2026.-La Selección Mexicana enfrenta un escenario de contrastes rumbo a la Copa del Mundo de 2026, torneo que organizará junto con Estados Unidos y Canadá, y en el que buscará aprovechar su condición de anfitrión para mejorar su desempeño deportivo y recuperar protagonismo internacional.
Uno de los principales factores a favor del Tricolor es su clasificación automática al Mundial por ser país sede, lo que le garantiza su participación sin necesidad de disputar eliminatorias.
Sin embargo, esta ventaja también representa un reto, ya que el equipo no cuenta con partidos oficiales de alta exigencia que le permitan consolidar su funcionamiento antes del torneo.
En el ranking mundial de la FIFA, México se ubica actualmente en la posición 16, lo que refleja una ligera caída en su rendimiento reciente y lo coloca por debajo de otras selecciones competitivas, incluido Estados Unidos, su principal rival en la región. Este retroceso ha sido atribuido a resultados irregulares en partidos amistosos, con empates y derrotas frente a rivales internacionales.
Además, el equipo dirigido por Javier Aguirre enfrenta el desafío de recuperar confianza y mejorar su nivel competitivo, especialmente luego de una racha de seis partidos sin victoria tras la Copa Oro 2025. Especialistas consideran que el rendimiento en los próximos encuentros de preparación será clave para definir la base del plantel mundialista.
Como parte de su preparación, México ha programado diversos partidos amistosos ante selecciones como Panamá, Bolivia, Islandia y Bélgica, con el objetivo de fortalecer su plantel y probar nuevas alineaciones. Estos encuentros buscan elevar el nivel competitivo del equipo antes del inicio del torneo.
No obstante, el panorama también presenta desafíos estructurales. En el proceso rumbo a 2026, México ha tenido dificultades frente a selecciones ubicadas entre las mejores del mundo, con solo una victoria en nueve partidos ante rivales del Top 20 del ranking FIFA, lo que evidencia una brecha competitiva frente a las potencias internacionales.
A pesar de ello, el Tricolor mantiene fortalezas importantes, como el respaldo de su afición, la experiencia de jugadores consolidados y el impulso que representa jugar en casa. El Mundial de 2026 marcará además la tercera ocasión en la historia que México sea anfitrión, tras las ediciones de 1970 y 1986.