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CIUDAD DE MÉXICO, 24 de julio de 2025.- La seguridad alimentaria de los hogares del campo mexicano sigue teniendo como sustento relevante el autoconsumo, aun así, cada vez menos jóvenes se dedican a la actividad agrícola y va en aumento la incorporación de productos ultraprocesados en su dieta, destacó el investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, Felipe Contreras Molotla.
Son notables los cambios que se registran en el campo en las zonas rurales de México, tanto en las ocupaciones como en los modelos alimentarios y en la conformación poblacional y social. Vemos que se presenta en el sistema de empleo y autoempleo en hombres y también en la población femenina. Aunque el autoconsumo sigue siendo relevante para la seguridad alimentaria de los hogares en el campo.
El integrante del Programa de Producción de Bienes y Servicios Básicos de ese centro de investigación detalló que, con base en información de los sistemas nacionales de clasificación de ocupaciones, identificó las modificaciones más significativas, sobre todo a partir de la década de 1990. Recordó que la firma del entonces Tratado de Libre Comercio de América del Norte desincentivó la producción. En términos reales, comparando los años 90 y las épocas recientes, el ingreso es distinto, y no alcanza para cubrir las mismas necesidades.
El experto refirió que en el país más de 26 millones de personas (es decir, 21 de cada 100) conforman la población en localidades menores de dos mil 500 habitantes, según información del Censo de Población y Vivienda 2020. En el territorio nacional se contabilizan 185 mil 243 poblaciones rurales. En ellas la tasa de fecundidad es mayor, pero también el proceso migratorio es intenso.
Al respecto, mencionó que recientemente en la sierra norte de Oaxaca, donde realizó trabajo de campo, observó que, por ejemplo, hay territorios que se están quedando sin jóvenes porque se van a estudiar o trabajar a otros sitios. Debido a ello, las personas mayores consideran que los pueblos corren el riesgo de perder las tradiciones que habían conservado por siglos, lo cual conlleva un reto cultural. Contreras Molotla apuntó que entre localidades y regiones (sur, centro, norte) se presenta heterogeneidad: algunas están dispersas y cuentan con menos infraestructura. Otras tienen más acceso a servicios y están conectadas a mercados laborales locales o regionales.
La gran agroindustria se encuentra en el noroeste y occidente del país, mientras que el sur sigue siendo predominantemente campesino”, con dinámicas diferentes, precisó. En los sistemas y muestras censales, abundó, existe un conjunto importante de varones que todavía se dedican a las actividades agrícolas por cuenta propia, pero los jóvenes no se insertan en ellas porque consideran que es bastante trabajo por una baja remuneración.
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