Expulsa el Popocatépetl ceniza y material incandescente
CIUDAD DE MÉXICO., 26 de noviembre de 2018.- La madrugada del ocho de enero del 2016, cuando un comando especial de la infantería de Marina rompió el cerco armado que protegía a Joaquín El Chapo Guzmán en una casona del fraccionamiento Las Palmas, en Los Mochis, Sinaloa, orillándolo a huir por las alcantarillas, dos mujeres fueron capturadas y liberadas posteriormente. Una de ellas era su inseparable cocinera. La otra, una misteriosa acompañante del hombre que por estos días es juzgado en una corte de Brooklyn, Nueva York, y cuya belleza aún recuerdan los marinos.
Al despliegue de la Marina se le conoció como “Operación Cisne Negro”. De forma paralela hubo otra operación que hasta hoy permaneció oculta. Se llamó “Tiburón Azul”, la implementó la Policía Federal y consistió en cerrar todos los accesos a Los Mochis, instalar filtros de revisión para cumplir su objetivo: dar con un auto robado.
Nicolás González Perrin despertó esa mañana muy temprano por el timbre de su celular que no dejaba de sonar. Del otro lado de la línea estaba su jefe, el entonces comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos. Por aquellos días él era el delegado de la corporación en Sinaloa, recuerda que le preguntó qué novedades había en el estado, si sabía lo que pasaba en Los Mochis.
“Lo único que tenía yo en ese momento era lo que me habían pasado de notas periodísticas y lo que había salido en los medios, decían que en la madrugada, como a las cuatro aproximadamente, había habido un enfrentamiento entre marinos y un grupo delictivo al interior de la ciudad de los Mochis. Era la información que yo tenía de momento, pero se me hizo curioso que me marcara muy temprano”.
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