País de inocentes. El llanto tardío y la inocencia proclamada

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El avispero que saltó tras el documento filtrado el 19 de agosto, tuvo dos respuestas desde el poder Ejecutivo: la primera sobre su autenticidad por la forma como se han apresurado a deslindarse los mencionados y la segunda más conciliatoria: el que no haya robado no tiene porqué preocuparse. A lo largo de todos estos meses, las reacciones han sido similares: el clamor por la inocencia envuelta en términos peyorativos respecto a las acusaciones, “son absurdas, son falsas, son inventadas”; la denuncia de persecución y el lloriqueo que acompaña las ínfulas de una vida honesta. No es remoto pensar que alguien de los señalados sea inocente, que no cubra los términos de las acusaciones o haya escondido tan bien sus faltas que sea difícil descubrirlas. Cualquier extraño podría preguntarse, quien robó, quien saqueó, que hacían esos santos inocentes en lo asientos que se adjudicaron muchas veces con fraudes electorales. Es cierto que las pruebas son fundamentales en un proceso, pero ese mismo extraño preguntón podría hacer un recorrido para ver las miles, quizá millones, de miserables casuchas donde habita casi la mitad del pueblo mexicano. Eso cuando tienen techo. Y hacer el contraste con las grandes residencias de los políticos. Podría agregar los salarios, la falta de seguridad social, las carencias vitales que ha tenido a lo largo de décadas el pueblo mexicano. Ahí tendría las pruebas reales y los gemidos, hipeos y gimoteos aparte, de los que se asumen inocentes. Y hay quienes desean vivir un presente donde el pasado no existe y les molesta que se mencione ese pasado, pero lo curioso es que el bamboleo señalador es para volver precisamente a ese pasado, ¿quien los entiende?

Déjenme llorar
como llora un niño
Cuando le han robado
el lindo juguete
que más ha querido

EL LLANTO COMO EXPRESIÓN DE DOLOR, DESPECHO, FURIA Y APARIENCIA
Una expresión corporal como el llanto, que es tan común en el ser humano sobre todo en los niños, tiene detrás una cauda de significados, estudios, análisis, vinculación filosófica y social, evidencia clasista y machista y desde luego un brote físico que se expresa en determinados momentos. Por siglos se ha mencionado como una expresión de debilidad para el hombre y se le concentra en las mujeres.

Dicen que los hombres
No deben llorar
por una mujer
que ha pagado mal.

Pese a que era una mujer poderosa, la sultana Aixa relacionó para siempre a las mujeres con el llanto a partir de la frase que se expresa desde enero de 1492: “No llores como mujer lo que no pudiste defender como hombre”. Dicen las crónicas que se la dijo a su hijo Boabdil El Chico, que fue nada menos que Mohammad XII, último rey de los islámicos, cuando perdió el reino de Granada y tuvo que entregar a los acaparadores Reyes Católicos la llaves de la Alhambra. La educación tradicional se sumó a esa idea y ha sido común que se diga a los niños que los hombres no lloran. Quizá por eso el gimoteo y el lloriquear por un quítame estas pajas, sea la costumbre más común de ciertos hombres, sobre todo cuando se evaden de sus culpas, se quejan y gritan que son inocentes, como muchos de los 17 que se mencionan en el documento de más de 60 páginas de Emilio Lozoya Austin; Carlos Salinas, Felipe Calderón, Enrique Peña, Ricardo Anaya et al. A los lloriqueos suele seguir, como un contrasentido, la búsqueda de amparos.

Déjenme que estoy llorando
un consuelo estoy buscando
quiero estar solo con mi dolor

Lo curioso del caso, es que en la poesía son los hombres en su mayoría los que usan el llanto y las lágrimas como inspiración. Estuve viendo la lista de 89 poemas escritos sobre todo por clásicos españoles. Hay pocas mujeres y del siglo pasado me llamó la atención el nombre y el inicio del primer verso, del poeta argentino fallecido en los años sesentas, Oliverio Girondo a quien se califica como un hombre sensible y comprometido. Dice el título: Llorar a lágrima viva, llorar a chorros. Muy grafico cuando lo que se ha perdido, el poder por ejemplo, es muy grande.

LLANTO POR LA MUERTE DE IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS
El llanto expresado en la poesía, es un llanto auténtico. Es desgarrador leer la primera elegía de las cuatro que le escribió Federico García Lorca, a su gran amigo Ignacio Sánchez Mejías, muerto por la cornada de un toro. Los hechos ocurridos en Manzanares en 1934, se manifiestan en un llanto que sale brotando a la par que se describen. A Ignacio, escritor de la Generación del 27 y también torero, lo tomó desprevenido el toro y ahí mismo murió, cuando lo llevaban en la camilla. Las elegías que escribió Lorca son La cogida y la muerte, La sangre derramada, El cuerpo presente y el alma ausente.
Y fue tan terrible para el poeta, que él vio como,

Y los toros de Guisando
casi muertos, casi pena
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.

A 84 años del asesinato de García Lorca por el dictador Francisco Franco, que se cumplieron el pasado 18 de agosto, hubo recuerdos en memoria de este gran poeta. Yo me he sumado; lloraré, lloraré tu partida. Fue tan terrible su muerte, que le robaré un retazo a Jaime Sabines:

Quiero llorar a veces y no quiero
llorar porque me pasas
como un derrumbe, porque pasas
como un viento tremendo, como un escalofrío,
debajo de la sábanas.