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Los Pinos será por primera vez un espacio vital. Se acabó la etapa del dispendio oficial solo para mantener a familias privilegiadas, frente a una ciudadanía saturada de carencias. La vieja casa oficial de Los Pinos llamada ahora Centro Cultural del mismo nombre, será sede de personal de salud en esta emergencia. La que ha sido considerada “el principal invasor de áreas verdes del Bosque de Chapultepec”, tendrá un destino muy diferente al que tuvo. Ya desde el inicio de este sexenio se le había fijado un papel distinto al que tenía, como espacio cultural en una parte, pero temporalmente será sede del personal de salud más cercano a su domicilio. Expandida en un área con 748 mil metros cuadrados, la vieja residencia era considerada una de las más grandes del mundo que albergaba un poder y fue centro de decisiones que afectaron a millones de mexicanos, y quizá donde se emitió la palabra directa para eliminar a alguien. Todo queda en la oscuridad de 86 años de utilización presidencial, ocupada por 14 mandatarios y centenares de familiares directos o impuestos que tuvimos que mantener y resguardar con el dinero del pueblo. Se debe recordar también, que con el aparato de comunicación de ese recinto, se creo una élite de periodistas apapachados y pagados en su mayoría, por el gobernante en turno. Son los que se consideran desahuciados en este momento, por La Mañanera. Hay quienes se molestaron por el anuncio de la nueva forma de ocupación, como el locutor de derecha Sergio Sarmiento que la prefiere como oficinas. Las redes en contra no se hicieron esperar. Los inconformes por el cambio desde que fue creado como Centro Cultural, están aferrados a la suntuosidad de una finca que no refleja las condiciones reales del país.

DE SER LA HORMIGA, PASÓ A SER LA CASA DEL BOSQUE DONDE HABITABA EL LOBO
Contradiciendo la antigua ficción. no era una dulce anciana la que habitó ese portento de vivienda, si bien hubo algunas, las madres o familiares de presidentes, que fijaron reglas en la residencia. La presidía el que era considerado el número uno del país, el lobo mayor que actuaba para millones de habitantes. El primer nombre, La Hormiga, no le gustó a su primer inquilino presidencial Lázaro Cárdenas y se lo cambió llevado por un recuerdo personal. Rechazó para irse a vivir ahí, al Castillo de Chapultepec que tenía a su disposición. Pese a que tomó posesión el primero de diciembre de 1934, Cárdenas y su familia se mudaron a Los Pinos en 1935. A partir de entonces la residencia, que llegó a ser todo un complejo, se ocupó en los menesteres de ejecutivo y la casa empezó a sufrir todo tipo de cambios, adhesiones, y designaciones personales para su uso, de quienes la habitaban. Se le dieron fines utilitarios a varias áreas de esas construcciones, se crearon avenidas y se instalaron muchas estatuas para gobernar utilizando la historia. Era bonito enseñar nuestros próceres inmóviles, a los visitantes que llegaban de otros países y que se quedaban maravillados de la capacidad del pueblo mexicano de ofrecer una casa así a sus gobernantes, aunque miles vivieran en chinames o carecieran de techo. Tal vez, ellos mismos, esos visitantes, hacían lo similar en sus países y no les sorprendía. El poder por lo general es igual en todas partes.

JUAN PABLO II DIO MISA PERSONAL. UTILITARISMO Y JUNIORS: RAFAEL LORET
Las historias que se cuentan son muchas y nutridas, así como la prepotencia que da el poder en la misma medida que se refleja en la desolación de la caída al terminar la gestión. En su libro Galería del poder ( Oceano 1996), Rafael Loret de Mola tiene un capítulo dedicado a Los Pinos en un periodo que se centró en José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo pero en el que hace referencia de pasada, de otros períodos. Respecto a uno de estos el escritor cuenta como fue prácticamente obligado a traer desde Yucatán una olla llena de frijoles con puerco, porque se le antojaban a Echeverría. Se refiere también a la anciana madre de López Portillo que le pidió solicitar a Juan Pablo II, de visita en México, que le diera una misa personal en Los Pinos, cosa a lo que se accedió contra laicismo y marea y a la que asistió el papa disfrazado como tal. También habla de los desplantes del hijo de Zedillo, de las golpizas que daban los guardias presidenciales a quienes no toleraban sus desplantes, y el cierre de negocios porque se hizo un desplante a la criatura. Y se da vuelo hablando de las infidelidades de Salinas cuando abandonó a su esposa Cecilia Ocelli y el desprecio que le empezaron a manifestar sus hijos, por ello. Se entra mucho en la calidad de comadrería, pero refleja el uso personal y el abuso del poder que le daban al caro y ostentoso inmueble los que se creyeron en determinados momentos dueños de México. Son los que viven en ese pasado, los que se han molestado porque ahora Los Pinos impartirá cultura y sobre todo, porque será una sede de personas que salvan vidas.