SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 1 de marzo de 2020.- En los pasadizos del Centro de Justicia para Mujeres, deambulan por decenas las siluetas femeninas con historias similares a diario, son madres decaídas, atormentadas, dolidas por la violencia que las castigó en el sitio que pensaban más seguro, su hogar.

Muchas van encaminadas a recuperar sus vidas, para otras, como Alma, las cosas se complican más; su historia no te permite permanecer ajeno, duele, indigna y escuchar su narrativa da apenas una idea de la terrible realidad que ahora mismo viven cientos, quizá miles de mujeres en el país. Es una sobreviviente.

Las huellas del tormento no se han ido todavía, se aproximó a paso lento, jugando con una sonrisa tímida mientras daba las buenas tardes; ya más cerca, la fatiga de su rostro se apreciaba mejor, con solo 30 años de edad, había surcos en su frente que podían afirmar al menos un lustro más.

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