La burla de no mentir, no robar, no traicionar
Los problemas crecen y se reproducen. Amenazan no solo al régimen político, también al país. Quienes gobiernan y buena parte de la sociedad -incluso las élites- se han instalado en el no pasa nada. Sus referentes cuantitativos son las encuestas del acuerdo presidencial y el tipo de cambio, cifras engañosas, al menos para calibrar la política y economía. Son muchos los acontecimientos de impacto devastador del régimen que se trivializan a pesar de que se acumulan y van conformando una carga más que disruptiva, explosiva.
La situación de las finanzas es crítica; el sector energético no solo se ha vuelto freno a la inversión, sino que desestabiliza el precario equilibrio financiero. El gasto “etiquetado” o legalmente comprometido deja poco espacio a la inversión y recursos para una razonable gestión del gobierno. La escasez de medicamentos, el estado deplorable de las carreteras e infraestructura o los adeudos multimillonarios a los proveedores de Pemex son ejemplo. El gobierno busca incrementar ingresos castigando con mayores gravámenes a los mismos de siempre. La situación de equilibrio crítico no da para mucho tiempo, particularmente si se incrementan los montos para el servicio a la deuda y se persiste financiando las fracasadas obras del obradorismo. El modelo financiero del régimen ha colapsado y no se resuelve con ajustes. No mentir, no robar, no traicionar son burla y no tanto por el engaño, sino por la afectación del logro más preciado del país: su imperfecto régimen democrático.
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