El Maximato
¡REFORMA ELECTORAL, UNA
COPIA DE LA LEY BARTLETT!
Primero un ejercicio memorioso.
Seguramente los mexicanos mayores de 50 años recuerdan el
primer proceso electoral en el que participaron.
En efecto, eran las elecciones presidenciales de 1988, las primeras
en las que compitieron verdaderos aspirantes opositores al PRI
hegemónico.
En la boleta electoral aparecieron los presidenciables, Carlos Salinas,
por el PRI; Manuel J. Clouthier, por el PAN y Cuauhtémoc Cárdenas, por
una coalición de partidos de izquierda llamado Frente Democrático
Nacional –que años después se convirtió en el PRD–, además de Rosario
Ibarra de Piedra, candidata de partidos marginales.
Sí, por mucho, la de 1988 se convirtió en la primera experiencia
electoral real para millones de ciudadanos, quienes por primera ocasión
contaban con opciones opositoras reales, en la boleta electoral.
Además de que –gracias al boicot mediático promovido por
“Maquío” Clouthier–, por primera ocasión en la historia los grandes
medios de comunicación –prensa, radio y televisión–, abrieron sus
frecuencias y espacios a los candidatos contrarios al PRI hegemónico.
Sin embargo, las de 1988 terminaron en un nuevo y grotesco fraude
electoral orquestado desde el poder –desde la secretaría de Gobernación-
-, gracias a la llamada “Ley Bartlett”, que en el gobierno de Miguel de la
Madrid construyó un poderoso aparato de control electoral que siempre
le garantizaba la victoria AL PRI en las urnas.
Sí, resulta que, por instrucciones de Bartlett, misteriosamente “se
cayó el sistema” de cómputo en ese emblemático 1988 y, al final, la
victoria fue para el candidato del PRI, Carlos Salinas, en medio del repudio
general.
De esa manera, el triunfo de Salinas en la presidencial de 1988 se
convirtió no sólo en “el mayor fraude de la historia” gracias “a la caída del
sistema”, sino que Manuel Bartlett se consolidó como epitome del
manoseo y la trampa electoral promovida desde lo más alto del poder.
Seis años después, y una vez con Ernesto Zedillo en la presidencia,
todos los partidos pactaron la mayor Reforma Electoral que se recuerde y
que dejó los procesos electorales en manos de órganos ciudadanos, como
el IFE y le Tribunal Electoral; reforma que hizo posible la llegada del PAN al
poder presidencial –en el año 2000 y 2006–, la vuelta del PRI en 2012 y la
victoria de Morena en 2018 y 2024.
Sin embargo, desde 2018, López Obrador y su claque “morenista” se
empeñaron en una “contrarreforma electoral” que está a punto de
convertirse en el regreso de la antidemocrática “Ley Bartlett”.
Y ahora vamos a las preguntas.
¿Dónde están hoy todos los otrora opositores al fraude electoral
orquestado por Manuel Bartlett desde el poder, en el mítico 1988?
¿Por qué el silencio de la clase política que por décadas cuestionó la
dictadura del PRI y defendió la representación proporcional de los
opositores en el Congreso?
¿Dónde están las movilizaciones sociales, los gritos opositores en
defensa del INE, del Tribunal Electoral, de los plurinominales, del
financiamiento público para los partidos…?
Sin duda que todos los ciudadanos, con un mínimo de información y
congruencia, tienen la respuesta a las anteriores interrogantes.
Lo cierto es que la mayoría de los opositores del PAN y del PRI no
eran más que un puñado de farsantes y oportunistas, que hoy no solo
aplauden la vuelta de la perniciosa “ley Bartlett”, sino que alegremente la
pregonan y la promueven.
Por eso instrucciones de la dictadora de Palacio, farsantes como
Pablo Gómez se encargan de la contrarreforma, mientras que oportunistas
de siempre, como Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas prefieren callar, en
tanto que “fantoches” como Germán Martínez y Ricardo Anaya no se
atreven a mover un dedo contra la destrucción de la democracia
mexicana.
Y es que la reforma electoral que promueven desde Palacio y
Palenque se suma a la muerte del INE y del Tribunal Electoral; confirma al
fin de la división de poderes y avala el regreso al poder autoritario peor
que en los peores tiempos del viejo PRI.
Sí, vemos pasar frente a nuestros ojos, el fin de la democracia y la
vuelta de la antidemocrática dictadura de partido.
Y todo en medio de una sociedad que no quiere ver, que se niega a
entender y que se resiste a escuchar las advertencias del peligro
inminente que se cierne sobre los mexicanos todos.
Sociedad de idiotas que prefieren la comodidad de la ceguera y la
sordera, porque prefiere estirar la mano a cambio de migajas.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta que sea tarde?
Al tiempo.