¿Desaparición de Morena?
La CNTE sigue ganando batallas
como poder político fáctico
Si se aplica la lógica política de movimientos insurgentes, radicales y
antisistémicos, puede decirse que por una razón u otra y hasta por sinrazones, la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación como fracción minoritaria del
Sindicato Nacional de maestros está acumulando una victoria estratégica más.
Y en el razonamiento de facciones que luchan desde dentro del sistema contra el
poder del Estado, la Coordinadora disidente juega simultáneamente en tres pistas: la de
obtener beneficios económicos adicionales al contrato colectivo de trabajo y muchos de
ellos sin contabilizarse fiscalmente, su fortalecimiento como poder fáctico que combate al
Estado y a su monopolio de la fuerza y la impunidad al violar todas las leyes y reglamentos
sin que exista ni un detenido ni tampoco ningún despedido.
De todas las luchas que ha dado la CNTE en las calles, sin duda que la más
significativa fue la de 2006: el plantón de mayo quiso ser levantado por la fuerza por el
gobernador Ulises Ruiz Ortiz, pero por errores tácticos se encontraron con impresionante
capacidad de organización para el choque entre los maestros y de manera sorpresiva la
población apoyó a los disidentes y no a la policía. Durante ocho meses se plantaron en el
Zócalo de la capital del Estado y se fijaron el objetivo de destituir al gobernador
constitucional y construir una comuna –declarado oficialmente– de gobierno popular
entre los grupos populares de la APPO, los maestros disidentes remasterizados y las
facciones visibles de la guerrilla del EPR con dos comandantes desaparecidos desde
entonces.
La lucha política del CNTE se montó sobre las elecciones presidenciales de ese año,
pero la victoria electoral –haiga sido como haiga sido– de Calderón condujo a un
operativo policiaco que ahí sí reprimió a la coalición magisterial, recuperó la parte del
territorio de soberanía del Estado expropiada por el plantón y encarceló a los disidentes.
La gran victoria que emergió de esa derrota fue producto de la alianza opositora
contra el PRI que armaron el PAN y el PRD y le arrebataron la plaza al PRI. Desde
entonces, la CNTE no ha sido solamente un movimiento en las calles para obtener
beneficios adicionales a las revisiones anuales salariales de mayo, sino que se convirtieron
en la oposición.
En las elecciones presidenciales del 2018 se prefiguró un bloque de poder popular
entre la CNTE, todos los grupos antisistémicos y Morena de López Obrador. Pero el punto
central de este dispositivo en modo de aparato político-popular de poder antisistémico
fue el compromiso cumplido por López Obrador de reformar la reforma educativa de Peña
Nieto que se había firmado en el Pacto por México 2012-2014 como parte de la segunda
gran generación de reformas para la profundización del proyecto neoliberal salinista de
desarrollo y la propuesta educativa antineoliberal de la CNTE se convirtió en el eje de la
reorganización educativa lopezobradorista.
Por estas razones –o sinrazones– el morenismo en la presidencia de la República
sólo ha aplicado estrategias de resistencia, contención y encapsulamiento de las
movilizaciones –y hay que reiterarlo– insurgentes y antisistémicas de los maestros
disidentes y toda la coalición de grupos también antisistémicos. Y a pesar de existir
reglamentos legales aplicables, ni un solo militante de la Coordinadora magisterial que
opera como grupo subversivo –al margen y contra las leyes que rigen para la mayoría de
los mexicanos– ha sido ofendido con alguna despistada averiguación previa.
Por eso el actual movimiento de la CNTE en el contexto del mundial de fútbol se
está convirtiendo –hasta ahora– en la mayor victoria política, militante y popular de los
maestros disidentes y aliados desde su fundación en diciembre de 1979. No se necesita un
pensamiento estratégico y de seguridad nacional para saber que la Coordinadora no
quiere el poder para ejercerlo directamente como comuna en modo del indigenismo de
los años de la grandeza originaria lopezobradorista, sino sólo busca convertirse en un
poder fáctico para una agenda de beneficios de un sector, aunque a costa de afectar a la
población con daños en la movilidad urbana y desde luego con recursos presupuestales
que se distraen de obras prioritaria para enriquecer al movimiento.
Una vez que termine el mundial de futbol, la CNTE y sus victorias presupuestales y
de dinero directo –en modo del López Obrador de los plantones en el Zócalo y en
Reforma– regresarán a sus territorios a seguir educando a la niñez mexicana con
programas antineoliberales y antisistémicos.
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Política para dummies: es la política es una caja llena de sorpresas y suelen ganar
los perdedores.
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