Filosofía sin escrúpulos
Mundial sirve para exhibir
ingobernabilidad de la 4T
Nada ilustra de la mejor manera la realidad de que el proyecto de Gobierno de
Morena y la 4T no puede como movimiento parcial operar las riendas de la República que
la decisión de la jefa del Gobierno Clara Brugada de pintar la ciudad de morado y luego
repintarla de amarillo y la aparición del secretario de gobierno Cravioto recomendando el
jarabe Ajolotius para que los críticos “no la hagan de tos” con sus quejas.
Estos dos hechos ayudan a entender el caos capitalino en torno al mundial de
fútbol y aportan elementos para revelar que la crisis con la CNTE, con los transportistas,
con las madres de los desaparecidos y con las altas cifras de percepción de inseguridad
estaría mostrando que Morena y la 4T carecen de propuestas, de liderazgos y sobre todo
de capacidad de gestión del aparato público federal.
Estas evidencias –que son muy superiores al mensaje muy localizado y pequeño
de Coahuila– son las que explican las razones del regreso del expresidente Andrés Manuel
López Obrador al liderazgo de un movimiento desarticulado por falta –paradójicamente–
de liderazgo político sin la figura del caudillo. Y no es, como se quiere vender, por
incapacidad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sino porque sus funciones y tareas
no toman la estructura política de la 4T, y entonces se requiere el regreso –y aquí se usa
el término como categoría política– del mesías del Palacio de Invierno de Palenque a una
nueva marcha sobre Roma.
El problema no se encuentra en las limitaciones políticas de quienes se hicieron
cargo desde diciembre de 2018 del aparato público federal, sino al hecho real de que el
playbook o libro de jugadas de Morena en la lucha política solo podría descifrarlo López
Obrador. Las crisis, por ejemplo, han mostrado que Morena abrió la jaula del tigre que
mantenía administrado el PRI y el PRIAN y no saben cómo regresarlo al cautiverio: la CNTE
con sus acciones que han doblegado al Estado, las madres buscadoras desdeñadas en
Palacio Nacional, las sociedades locales hartas de la gobernanza criminal de “abrazos, no
balazos”, los transportistas que padecen la corrupción carretera y los asaltos y la sociedad
que de vez en vez manda el mensaje de crítica en las evaluaciones sobre percepciones de
inseguridad, son algunos de los casos que se están conjuntando para que hoy miércoles y
mañana jueves salgan a las calles solo a mostrar ineficacia de la 4T en la gestión de la
cotidianeidad de la República.
Pero López Obrador, la 4T y Morena no buscarán reencauzar la gobernabilidad de
la República a través de algún acuerdo plural indispensable que el PRI y el PRIAN
gestionaban no por talento político sino por evitar el descarrilamiento de las protestas.
Las crisis acumuladas en las calles como protesta ciudadana son hoy una muestra –o así
debería ser leídas en los dos Palacios de poder, el Nacional y el de Palenque– de lo que
puede ser caracterizado con sentido político y real politik como crisis de expectativas.
El problema que se va a enfrentar el liderazgo 2.0 del presidente emérito López
Obrador estará en que las expectativas que abrió en el 2018 y que conjuntó inclusive el
voto antipopulista y antipriista y antipanista y encontró durante los últimos siete y medio
años un bloque gobernante morenista para sus propios intereses y no para reconstruir el
gran consenso nacional ya ha tenido cinco rupturas históricas en México: el radicalismo
cardenista, proyecto contrarrevolucionario de Miguel Alemán Valdés, el populismo
echeverrista que provocó la movilización popular del 68, el colapso económico y social de
1981-1982 que prohijó el neoliberalismo y el populismo-neoliberal empobrecedor y sólo
asistencialista de López Obrador que suponía que iba a construir un nuevo consenso
nacional y sólo aplicó un proyecto personal.
El regreso de López Obrador al liderazgo activo de la 4T tratará de reconstruir el
entendimiento político –que no fue acuerdo ni consenso–, pero ya con las evidencias muy
claras de que nunca se trató de un nuevo proyecto político nacional sino el
encumbramiento una nueva élite que se aprovechó del colapso del PRI, el PAN y el PRD.
La 4T –y parece querer ignorarlo– tampoco enfrenta una oposición organizada que
regresa por sus fueros, sino con buena parte de la sociedad nacional decepcionada que
votaría por la oposición reproduciendo el exitoso modelo no consensual sino anímico del
2000 con Fox, del 2006 con Calderón, del 2012 con Peña y el regreso del PRI y del 2018 y
en 2024 con López Obrador y Sheinbaum Pardo.
El problema de corto plazo no radica en ejercer el control político autoritario para
evitar que mañana y pasado se colapse el gobierno, sino tener claro que después del
mundial de futbol se regresará a la cotidianeidad de un proyecto de gobierno
desensamblado y sin propuestas y a elecciones decisivas en 2027 y en 2030 en medio de
una crisis de expectativas posmorenistas.
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Política para dummies: la política radica, regresando a los clásicos, en recuperar la
capacidad de gestión, legitimidad y liderazgo de la polis.
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