Filosofía sin escrúpulos
Con EU, narco; no invasión;
Tratados son Ley suprema
El párrafo clave del discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo el domingo
31 de mayo para celebrar dos años de la victoria electoral pero convertido en foro para
redefinir los principios de la política exterior de México estuvo presentado como
preguntas entre signos de interrogación pero cuya respuesta desmoronaría la invocación
del nacionalismo mexicano en tiempos de narco crisis:
“Y entonces debemos preguntarnos, surge la pregunta legítima: ¿Es realmente
interés legítimo, genuino por ayudar a México? ¿Es realmente un interés legítimo para
combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la
ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus
elecciones de 2026? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país?
No son preguntas retóricas.”
Ante la presión estadounidense para obligar a México a combatir de manera real a
las estructuras del narcotráfico que a la vista de todos se han convertido en parte de las
instituciones municipales, estatales y federales, hay que reconocer –aunque muchos no
quieran– que el presidente Trump ni siquiera ha bromeado con convertir a México en el
estado 51 de EU o de crear una Confederación Americana de Groenlandia a Panamá.
El punto que ha generado la movilización del aparato de masas de Morena se
localiza en la solicitud de arresto con fines de extradición del gobernador sinaloense
Rubén Rocha Moya y nueve coacusados de aliarse políticamente con la facción de los
chapitos del Cártel de Sinaloa, invocando un Tratado de Extradición que tiene en México la
condición de ley suprema de cumplimiento obligatorio.
Este dato centraliza el conflicto de México con Estados Unidos por el narcotráfico:
el Cártel de Sinaloa sigue produciendo droga y fentanilo para exportarla de manera ilegal
a Estados Unidos, y la solicitud de extradición presentó evidencias de que la política de
seguridad de México se basó en el modelo lopezobradorista de “abrazos, no balazos”,
además de documentar los datos muy concretos que líderes del narco se involucraron en
elecciones estatales en Sinaloa.
Es decir, que no fue EU el que metió el narco en elecciones aquí, sino México el
que permitió que ocurriera en Sinaloa y oras partes de la república.
La tesis de la presidenta Sheinbaum –válida en términos argumentativos– no
radica en el injerencismo de Estados Unidos, sino que todo se resume en la decisión
estadounidense de aumentar –eso sí– presiones legales y operativas para obligar a
México a destruir cuando menos siete cárteles del narcotráfico que el Departamento de
Estado ya caracterizó en términos legales como narcoterroristas.
Lo que deja claro el tono de la respuesta mexicana en un mitin de masas no es la
invasión física de Estados Unidos en modo de 1847 para quedarse con algunos de los
estados mexicanos más ricos que hacen frontera con Estados Unidos, sino el objetivo
concreto de desmantelar y “desaparecer de la faz de la tierra” a los cárteles del
narcotráfico mexicano que siguen operando con impunidad.
En lo que sí acierta la preocupación de la presidenta Sheinbaum es en el efecto
político que las exigencias de seguridad estadounidenses han provocado en otras
naciones: el relevo en procesos electorales –y ya no, como antes, con golpes de Estado–
en Guatemala, Ecuador, Chile, Honduras, El Salvador, Venezuela y ahora mismo en
Colombia. Pero se trata de incidencias políticas que cumplen con las reglas electorales de
cada uno de esos países. Y en México se juega Morena su permanencia mayoritaria en el
Congreso en 2027 y la presidencia en 2030.
La presidenta Sheinbaum supo qué botones oprimir para tratar de despertar el
sentimiento antiestadounidense en una nación que lamentablemente –como dijo Fidel
Castro en diciembre de 199– conoce más a Mickey Mouse que al cura Miguel Hidalgo. Y
ahí está como ejemplo que debiera avergonzar a Morena y a la nación: 45 mil sinaloenses
hicieron el domingo su mitin local y con ello reforzaron el apoyo institucional a su
gobernador Rocha Moya y cómplices que hundieron a Sinaloa en el narcogobierno y la
narcoviolencia que está enfrentado a México con EU.
La lectura del párrafo 189 del discurso debe hacerse con malicia política: no afirma
que no haya narcopolítica en Sinaloa y en México sino pregunta si es “interés legítimo” la
solicitud de extradición basada en un tratado que –hay que subrayarlo– en México es ley
suprema con valor constitucional.
Lo que se debate no es el injerencismo de EU, sino la narcopolítica en la estructura
gubernamental que controla Morena.
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Política para dummies: la política se basa en principios que deben ser certezas, no
en insinuaciones que tratan de esconder la realidad.
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