Filosofía sin escrúpulos
La CIA en México, brazo
intervencionista de la Casa Blanca
1.- Como era de esperarse en el estilo atrabiliario del presidente Donald Trump
para operar los brazos clandestinos de la seguridad nacional a través de la CIA y la falta de
control institucional y del Congreso, la operación para asesinar a dos mandos del Cártel de
Sinaloa al salir del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles se puede –y se debería–
convertir en un factor de crisis política en el ejercicio del poder clandestino de la Casa
Blanca, porque regresó la agencia de inteligencia al “permiso para matar”.
2.- Como consecuencia de hechos que a veces ruedan como bola de nieve sin
control, el caso del atentado terrorista en el AIFA que fue documentado aun tibiamente
por el The New York Times como de aportación de inteligencia y cuya indagatoria debería
obligar a una investigación del Congreso norteamericano, la CIA podría encontrarse
pronto contra la pared en EU. Y ahí están indicios muy tibios de que la CIA pudiera pedirle
a México que sacara el caso del AIFA de las denuncias mañaneras a cambio de disminuir
las presiones de extradición de una lista de alrededor de 30 políticos mexicanos de primer
nivel vinculados al narcotráfico.
3.- La reactivación del papel de la CIA en actividades clandestinas de
desestabilización tuvo su punto culminante en su participación decisiva en la acumulación
de inteligencia encubierta, corrupción de políticos y militares venezolanos y el operativo
directo para secuestrar al presidente Nicolás Maduro –impresentable, pero legal–. En ese
afán machista de mostrar al mundo que él es el que manda sea lo que sea que mande, el
presidente Trump dijo que había autorizado actividades de desestabilización clandestina
en Venezuela a través de la CIA.
4.- El papel de la CIA siempre ha sido el mismo: una agencia de funcionamiento
autónomo bajo las directrices directas del presidente de Estados Unidos. Inclusive, la
Comunidad de Inteligencia que se formó para concentrar coordinaciones entre alrededor
de 18 oficinas dedicadas a esos menesteres considera a la CIA como la única agencia
autónoma y dependiente exclusivamente del presidente Trump. Todas las demás
agencias de inteligencia están adscritas a Departamentos del gabinete y son coordinadas
por el director de Inteligencia Nacional que se creó a raíz de los ataques del 9/11 y el caos
en la información de espionaje, y cuyo primer encargado de esa oficina fue el operador de
seguridad nacional y agente de la CIA en Vietnam John Dimitri Negroponte, embajador de
EU en México en los años del cambio de 1989 a 1993 y fue el artífice operativo del
Tratado de Comercio que respondía al enfoque de seguridad nacional estadunidense.
5.- La CIA y no el FBI fue la agencia que impulsó y apadrinó la fundación en México
en 1947 de la Dirección Federal de Seguridad en el contexto de la guerra fría ideológica.
Todos los directores de la DFS hasta Miguel Nazar eran avalados por la CIA, inclusive en un
libro se prueba que una sobrina directa de Nazar llegó a ser secretaria particular nada
menos que del jefe de la Estación de la CIA en México. En 1983, el director de la DFS José
Antonio Zorrilla Pérez canceló las relaciones de dependencia con la CIA y firmó contratos
de capacitación nada menos que con la Stasi de Alemania comunista, uno de los
principales brazos operativos del KGB soviético. Ese cambio de relaciones e inteligencia
provocó que el entonces embajador John Gavin alentara en el The New York Times un
reportaje donde denunciaba justamente esos hechos. Y ahí y por esa razón se decidió la
renuncia, aislamiento y más tarde arresto de Zorrilla Pérez con el pretexto del asesinato
de Manuel Buendía. El miedo de Gavin era que toda la información de la CIA y México
estuviera ya en manos del campo soviético.
6.- Las actividades de la CIA en la primera mitad de los años ochenta fue difundida
principalmente por el columnista político Manuel Buendía y en dos columnas históricas
dio a conocer el nombre de dos jefes de la Estación de la CIA en México, también se
difundieron revelaciones del corresponsal entonces Raymundo Riva Palacio sobre la
agencia y Buendía comentó su información de nombres de 234 agentes de inteligencia en
América Latina, entre ellos 26 en México. En enero de 1981 Buendía publicó un directorio
de miembros de la CIA en México y la lista se acercaba a 75 personas en varios estados de
la República. Por cierto las autoridades mexicanas que investigaron el asesinato de
Buendía excluyeron desde el principio a la CIA como una de las pistas importante.
7.- La CIA ha operado –como el espionaje inglés en la Segunda Guerra y posterior–
a través de credenciales de periodistas y en 1977 el periodista de investigación Carl
Bernstein –quien investigó Watergate junto con Bob Woodward– escribió en la revista
Rolling Stone un ensayo sobre la CIA y la prensa y el texto se encuentra disponible y libre
en https://www.economicsvoodoo.com/wp-content/uploads/Carl-Bernstein-1977-CIA-
and-Media.pdf
8.- México ha padecido la agresividad de la CIA desde el inicio del Gobierno del
presidente Luis Echeverría Álvarez en diciembre de 1970, y quizá un poco en venganza La
CIA autorizó la revelación del equipo Litempo para exhibir que cuando menos los
presidentes en funciones Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Echeverría Álvarez
estaban considerados como “agentes activos” de la CIA, según el Diario de la CIA del
exagente Philipe Agge. En las memorias Nuestro hombre en México del exjefe de la
estación Winston Scott, pruebas documentales confirmaron la vinculación de políticos con
la CIA: López Mateos como presidente, Díaz Ordaz como secretario de Gobernación y
Echeverría como subsecretario aparecen brindando como testigos en la boda del
entonces jefe de la Estación de la CIA en México.
9.- En el Gobierno de Reagan, William Casey utilizó su cargo como director general
de la agencia para operar presiones de desestabilización contra México a través del
encargado de los temas en el mexican desk –oficinas sobre México–, el académico y en
ese momento ya agente de la CIA Constantine Menges, colocado en esa posición por
recomendación directa del senador ultraderechista Jesse Helms. La tesis central era que
México se estaba convirtiendo en un problema como el Irán en la crisis Sha-Ayatolá. Casey
ordenó a un analista que había trabajado en la estación de la CIA de México que fabricara
una información negativa sobre el país y que concluyera que era necesaria la intervención
de seguridad de EU, pero el analista John Horton se negó a redactar el documento y por si
fuera poco escribió un artículo público en el The Washington Post para denunciar que la
CIA fabricaba recomendaciones a gusto de la Casa Blanca.
10.- México ha tenido cuando menos tres embajadores con relaciones directísimas
con la CIA: Joseph John Jova (1974-1979) también denunciado por Buendía, Negroponte
que operó clandestina y abiertamente en Vietnam y Honduras y el actual Ronald Johnson
que tiene en su biografía pública su espacio como agente activo de la CIA. Gavin nunca
trabajó para la agencia pero gustaba decir con voz en cuello que la CIA trabajaba para él y
que él decidía las actividades clandestinas del organismo. Y también se tenían sospechas
de que Jeffrey Davidow (1998-2002), que jugó un papel clave en las actividades de
desestabilización en Chile que desembocaron en el golpe de Estado contra Allende,
reportaba a esa oficina de espionaje.
11.- La Estación de la CIA es la oficina que concentra las actividades de los agentes
de esa oficina, algunos registrados por razones obvias pero muchos clandestinos, además
de que algunos cargos de la agencia en México operan encubiertos en otras oficinas no
políticas de la embajada.
12.- Este contexto se debe analizar el papel de la CIA en México a partir de las
instrucciones directas del presidente Trump a través del embajador Johnson como activo
de la CIA y por tanto también forman parte del marco referencial de actividades
autónomas de la CIA –es decir por su cuenta y riesgo– en casos como Chihuahua y
también como el acto terrorista en el AIFA cuando hicieron estallar una bomba terrorista
en vehículo que transportaba a dos importantes activos del narcotráfico de Sinaloa.
13.- La CIA en México perdió sus espacios en la estructura mexicana del poder
cuando desapareció la DFS y los directores de la inteligencia mexicana se olvidaron de la
seguridad nacional y se concentraron en la seguridad pública.
14.- Ahí se encuentra lo que sí se debe considerar con una crisis de la CIA en
México, más allá de los casos concretos de Chihuahua y del AIFA, porque implican el
incumplimiento de las reglas establecidas de manera muy estricta por la Ley de Seguridad
Nacional para cuando menos tener el control nominal de los agentes de la CIA, aun
trabajando de manera clandestina, aunque con la circunstancia agravante que nadie en
los gobiernos de López Obrador y Sheinbaum Pardo ha querido aplicar con rigor las
restricciones. Y ahí también se puede percibir que México estará aprovechando la
oportunidad para exagerar funciones de la CIA en Chihuahua y convertirlas en elementos
de negociación política en la agenda de presuntos narcopolíticos que forman parte de la
lista de la Casa Blanca.
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