Descomplicado
Bloque de Barcelona no es
democrático ni de izquierda
La incorporación de México al bloque geopolítico de Barcelona que cayó bajo el
control del presidente español Pedro Sánchez no defiende la democracia y sólo
representa una izquierda retórica antiestadounidense y localizada en el lado de la línea
roja europea de Rusia y China.
El contrasentido del grupo ocurrió en su primer gran pronunciamiento: exigir el
respeto a Estados Unidos a Cuba, un país que no ha tenido elecciones libres desde 1953,
que carece de partidos políticos democráticos reconocidos, que tiene una oposición
encarcelada por no someterse a los dictados unidireccionales de la familia Castro Ruz que
controla al país y a sus recursos, que mantiene encarcelados con acusaciones
antidemocráticas a líderes de la oposición que no se han sometido la antidemocracia
comunista y que existe que le defiendan su soberanía con recursos económicos y
geopolíticos para seguir existiendo con una colonia de Rusia.
El otro punto de incongruencia radica en la caracterización del grupo de Barcelona
como una comunidad de izquierda, una caracterización ideológica inexistente en términos
de ciencias políticas y sociales, más como coartada que como un catálogo de funciones
más populistas y también antidemocráticas.
Las ciencias sociales no reconocen más que un espacio binario en las ideas, a partir
del señalamiento muy preciso de Marx y Engels en 1848 con el Manifiesto Comunista: el
sistema productivo y la historia se entienden por el choque dialéctico entre los
propietarios de los medios de producción conocidos como burguesías y los obreros que
aportan su mano de obra para convertir la producción en riqueza apropiada por los
patrones. El término de izquierda se creó en la Revolución francesa sólo por la colocación
de los grupos ideológicos: a la izquierda estaban los progresistas, antimonárquicos,
presuntamente republicanos y jacobinos y sin ningún tinte socialista, y a la derecha los
defensores de la monarquía de los Luises.
La división ideológica tiene que ver con el modo de producción capitalista o
comunista. El concepto de izquierda se popularizó como una especie de placebo
ideológico que pudiera satisfacer temores de los revolucionarios que defendían intereses
sociales, pero sin cambiar el modo de producción capitalista que beneficiaba a la
burguesía y que se apropiaba de la parte más importante de la riqueza producida por la
inversión privada pero sobre todo por la actividad de los obreros.
El Gobierno de España caracteriza una forma de organización político-productiva
que lleva en su seno el germen de su propia destrucción: una monarquía que coloca a una
familia con un apellido como los dueños de todo el país y obliga a los españoles inclusive a
gestos como el de inclinar la cabeza y la rodilla frente al poder de la consanguinidad real,
pero con un sistema de gobierno que se elige siguiendo las reglas clásicas electorales de la
democracia. La limitación del régimen español se encuentra en que el rey como autoridad
no se elige pero se le mantiene con recursos públicos y hace las funciones de jefe de
Estado con tareas derivadas de la configuración electoral del grupo gobernante. Benjamin
Constant creó el principio de que “el rey reina, pero no gobierna”, aunque en España el
rey por la gracia de Dios toma decisiones que tienen que ver con tareas que corresponden
solo a fuerzas políticas y sociales electas.
La configuración de izquierda que se da para sí el PSOE en el poder no rompe con
el modelo productivo que descubrieron –por así decirlo– Marx y Engels, sino que su
definición o inclinación ideológica tiene que ver con políticas muy limitadas de corte
asistencialista y de protección salarial de los obreros registrados. Pero el poder económico
y productivo de España es el de la burguesía acaparadora de la riqueza social producida.
El modelo económico y social mexicano obviamente se parece más al español, por
razones de herencia consanguínea que la Independencia no modificó. Pero la
caracterización y fuerza del Estado mexicano es mucho más agresivamente revolucionaria
que el español, pues en México por mandato constitucional el Estado y no un rey es el
propietario de la nación y por decisión institucional crea, aprueba y regula al sector
empresarial privado; es decir, que el Estado mexicano es social y no monárquico.
Y en términos geopolíticos, España es europea y desde el siglo XIX se olvidó de su
territorio americano, incluyendo el hecho de que México no fue una colonia de España
sino que se conquistó y se controló para que se convirtiera en el Reino de la Nueva España
como monarquía asociada a la península. Y en términos concretos, España se rige más por
acuerdos con Rusia y China y México por la vecindad con Estados Unidos.
Así que el grupo político de Barcelona no llevará a ningún lado porque la
monarquía española sigue viendo a México con los ojos del conquistador.
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Política para dummies: la política define territorio pero también sociedades.
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